
(del diario que ya no escribo)Al final, esta mañana, no he podido resistir el impulso de llorar.
No era un impulso que se estuviera cociendo en el horno, como tantas veces ha sucedido. Ni me ha sorprendido ni me ha dejado de sorprender, no me he agarrado a él.
No lo interpreto, siento lo que me pasa, y al sentir se abre la puerta de la percepción interna, y puedo ver lo que hay detrás.
No ha sido ni dramático, ni escandaloso, ni teatrero, ha sido honesto.
Con el sabor de una gota que se escapa de un manantial, de una gotera que acaba calando el techo.
Ahí esta, puedes suponer que se debe a esto o a lo de mas allá, pero eso no ayuda en nada, solo ahí esta.
No tengo ningún problema con llorar.
Ninguno en absoluto.
Es solo que hace tiempo que no lloraba, creía que la tristeza ancestral que llevo se estaba disolviendo en lo puramente impersonal de cada experiencia, pero hoy ha vuelto a aparecer, una gota de cristal que lleva mi nombre escrito en medio de esa experiencia impersonal en ininterpretable que es la vida, la vida vivida a pelo.
Al entrar dentro de esa gota de cristal me ha contado su historia.
La historia de un niño que vive aun atrapado dentro de mi auto-convencimiento de que me permito ser todo lo libre, auténtico, y sincero que quiero, dentro de mis pretensiones de ayudar, de guiar, de conducir a alguien a un lugar determinado, cuando ni siquiera se que tierra estoy hollando en estos momentos, ni con que pies, ni con que cuerpo.
Me ha dicho algo asi como: "no es verdad, ves, aquí estoy, y solo soy lo que permites que sea.
Mira detrás".
Y he visto la película, en no se cuantos idiomas, con subtítulos y todo.
Una y otra vez, hasta que me he cansado de verla.
Una historia simple, sea como sea que se interprete.
Pero es necesario que lo cuente en primera persona, para evitar fugas y supuestas testificaciones que no son tales.
Dentro de la gota me siento como si estuviera intentando contener una presa. No hablo de una presa cualquiera, no, hablo de pasarse el día de un lado a otro de una enorme y kilométrica presa, vigilando y previniendo problemas, comprobando el nivel del agua, dejando salir la necesaria (solo la necesaria) y sobre todo tapando fisuras y agujeros.
En los últimos tiempos la única cosa que he hecho es tapar las fisuras y agujeros que se multiplican exponencialmente, quiero decir, que de cada uno que tapo y arreglo, salen dos más.
La labor se ha hecho un trabajo insoportable de 24 sobre 24 horas, y mi cuerpo no da mas de si, no puede más.
Estos agujeros llevan todo tipo de nombres, y cada uno corresponde a una imagen que ya no puedo sostener por más tiempo. Hay agujeros materiales, que corresponden a mi supervivencia, y otros espirituales que corresponden a lo que yo quisiera ser, espiritualmente hablando. Víctimas, tiranos, niños dependientes, hombres auto-suficientes, conocedores de la verdad de copia y pega, amantes que no aman, compañeros que solo se hacen compañía a si mismos, hijos despechados, padres cuidados por su propia progenie, dandis que no tienen un céntimo, escritores frustrados, almas necesitadas..los agujeros están llenos de estos personajes...
Cada día sale uno nuevo y se suma a la lista de no importa, puedo con lo que me echen,
pero no puedo ni con la concha-perdón- de su madre.
Mi trabajo de tapagujeros se ha convertido en un suicido, en una tarea irrealizable. Ni siquiera recuerdo porque tapo agujeros, no se quien ni cuando, ni a que fin construyo esta presa.
Solo se que aquí estoy yo, bajo esta enorme presa, paralizado de terror, de impotencia, y de agotamiento, y a la vez con un deseo infinito de que todo esto acabe cuanto antes.
La imagen puede parecer graciosa.. no lo es.
Imagínense una hormiga ante un muro de hormigón de 300m, con fisuras por todas partes, tras el cual hay mares y mares contenidos desde eones de tiempo. Ni siquiera da para imaginar que será de ella.
¿Alguien se ha situado alguna vez debajo de una enorme presa, y ha imaginado lo que sería de el si esta se rompiera?. Con una buena imaginación, puede que te empiecen a temblar las piernas.
No hay imaginación que de para imaginar el poder y el embate del agua, y el destino de esa pobre hormiguita.
Pues así es como me siento, ni mas ni menos. una issignificante hormiguita que va a desparecer por completo.
Pero no me importa.
Voy a dejar de poner parches, de tapar agujeros.
Sobre todo los espirituales, que son los que mas rápido se reproducen. A esos los conozco bien.
Por ejemplo, creer que si uno comprende y siente la naturaleza del agua, va a dejar de sentir miedo al verse como una hormiga al otro lado de una presa que esta a punto de resquebrajarse en mil pedazos. O que por estar al otro lado de un presa, tapando agujeros, uno no puede comprender la naturaleza del agua...que es fluir y llenarlo todo. Las cosas no están ni vacías ni llenas. Todo esta en todo, y el agua llena también en los agujeros donde se siente miedo.
Si, dije llenarlo todo.
Que si sabes que la iluminación, que es la vida en si misma, es algo que simplemente siempre sucede, no puedes sentir miedo, o que si uno siente miedo no puede estar iluminado. Contradicciones que existen solo en la cabeza, no en el ser, no en la vida, no en la verdad de cada momento. ¿Donde esta la contradicción de ser esto y lo otro, la cosa es ser, no?. ¿Que importa ser en la luz o en las tinieblas? Dejar de ser, eso es lo imposible. La iluminación es un hecho, es la vida que sucede, solo eso, y dentro de ella caben todas las cosas. Se puede vivir en el presente eternamente realizado y a la vez en la idiosincrasia del proceso. Todo cabe, todo es adecuado.
Por eso, voy a dejarlo, pase lo que pase.
Se que la presa reventará igualmente.
Prefiero que me pille relajado, esperándola, centrado, quieto, sin miedo. Y si no me pilla asi, tampoco me importa. Me pile como me pille, aun cagado en las bragas, será perfecto.
No tengo miedo a la presa, ni al agua, ni a morir, tengo miedo a la imposibilidad de seguir tapando agujeros, tengo miedo a seguir con esta tarea de locos. Tengo miedo a no ser yo mismo, porque el no ser yo mismo, que es rendirme a lo que es, aunque me muera, se ha convertido en una tarea irrealizable, imposible de hacer.
Aunque tampoco este miedo existe, dado que no puedo dejar de ser lo que soy, tapando agujeros o no, es mas bien una cuestión de fuerzas, corporal, de sangre.
Sale un agujero y por muy bien que lo tape, sale otro, y otro y otro.
Ya no puedo más. No hay nada ni nadie que pueda realizar esta labor, una ilusión no puede tapar a otra. Es como ajjh, ajjh, ajjh...e ir perdiedo fuelle hasta que solo queda el silbido del asma, de no poder ni respirar....sihhhh -ahhhh sihhhh-ahhhhh!....
No vale la pena, no tengo nada que defender o proteger al otro lado de la presa. Ni casa, ni familia, ni bienes, ni futuro, ni sueños, ni ideas, ni creencias. Nada. Solo yo, mi cuerpo agotado, mi mente que ni siquiera rige bien, y los agujeros, desde hace años. Solo yo y este hábito absurdo, cuando la naturaleza del agua es fluir de todas todas.
No lo puedo parar, y se que mi muerte, si me muero, es solo un acontecimiento mas en este fluir de las cosas en todas las cosas.
Así que se acabó, aquí acaba mi miedo, y si mi vida es eso, pues también me despido de ella.
Que alivio, joder!, que alivio. Descansar de las tareas de hércules, cuando tenemos mas hambre que carpanta. Hambre de amor, sobre todo. Ya es hora de comer, o al menos, de dejar de pasar hambre, de mendigar por los arrabales. Ya es hora, si.
No hay nada que hacer.
Si muero sera una muerte rápida, no me enteraré. Si sobrevivo, si acontece un milagro, no creo que recuerde nada, ni quien soy ni donde estoy, y así, igual vuelvo a tener otra oportunidad.
Tábula rasa.
Renacer realmente.
O resucitar.
La verdad, no me importa. Voy a disfrutar realmente de estos últimos momentos.
Voy a vivirme y estar en mi plenamente.
Sin fugas ni vergüenza, sin espiritualizaciones ficticias de la materia, de lo que simplemente es, estando presente en cada una de las células de mi cuerpo. Siendo agua, siendo hidrógeno y oxígeno, siendo molécula, siendo vacío, siendo muerte, siendo espacio, así cuando el agua, la muerte o el vacío lleguen, no notaré la diferencia.
Pase lo que pase, estará bien, por fin, será lo natural, lo que corresponde, lo justo, lo adecuado, la verdad, lo que es y ha sido incontenible desde el principio de los tiempos.
Asi que namasté de mi mismo a mi mismo. Desde ahora, y en lo poco o lo mucho que me quede...
Namaste, César.
Namasté.
No era un impulso que se estuviera cociendo en el horno, como tantas veces ha sucedido. Ni me ha sorprendido ni me ha dejado de sorprender, no me he agarrado a él.
No lo interpreto, siento lo que me pasa, y al sentir se abre la puerta de la percepción interna, y puedo ver lo que hay detrás.
No ha sido ni dramático, ni escandaloso, ni teatrero, ha sido honesto.
Con el sabor de una gota que se escapa de un manantial, de una gotera que acaba calando el techo.
Ahí esta, puedes suponer que se debe a esto o a lo de mas allá, pero eso no ayuda en nada, solo ahí esta.
No tengo ningún problema con llorar.
Ninguno en absoluto.
Es solo que hace tiempo que no lloraba, creía que la tristeza ancestral que llevo se estaba disolviendo en lo puramente impersonal de cada experiencia, pero hoy ha vuelto a aparecer, una gota de cristal que lleva mi nombre escrito en medio de esa experiencia impersonal en ininterpretable que es la vida, la vida vivida a pelo.
Al entrar dentro de esa gota de cristal me ha contado su historia.
La historia de un niño que vive aun atrapado dentro de mi auto-convencimiento de que me permito ser todo lo libre, auténtico, y sincero que quiero, dentro de mis pretensiones de ayudar, de guiar, de conducir a alguien a un lugar determinado, cuando ni siquiera se que tierra estoy hollando en estos momentos, ni con que pies, ni con que cuerpo.
Me ha dicho algo asi como: "no es verdad, ves, aquí estoy, y solo soy lo que permites que sea.
Mira detrás".
Y he visto la película, en no se cuantos idiomas, con subtítulos y todo.
Una y otra vez, hasta que me he cansado de verla.
Una historia simple, sea como sea que se interprete.
Pero es necesario que lo cuente en primera persona, para evitar fugas y supuestas testificaciones que no son tales.
Dentro de la gota me siento como si estuviera intentando contener una presa. No hablo de una presa cualquiera, no, hablo de pasarse el día de un lado a otro de una enorme y kilométrica presa, vigilando y previniendo problemas, comprobando el nivel del agua, dejando salir la necesaria (solo la necesaria) y sobre todo tapando fisuras y agujeros.
En los últimos tiempos la única cosa que he hecho es tapar las fisuras y agujeros que se multiplican exponencialmente, quiero decir, que de cada uno que tapo y arreglo, salen dos más.
La labor se ha hecho un trabajo insoportable de 24 sobre 24 horas, y mi cuerpo no da mas de si, no puede más.
Estos agujeros llevan todo tipo de nombres, y cada uno corresponde a una imagen que ya no puedo sostener por más tiempo. Hay agujeros materiales, que corresponden a mi supervivencia, y otros espirituales que corresponden a lo que yo quisiera ser, espiritualmente hablando. Víctimas, tiranos, niños dependientes, hombres auto-suficientes, conocedores de la verdad de copia y pega, amantes que no aman, compañeros que solo se hacen compañía a si mismos, hijos despechados, padres cuidados por su propia progenie, dandis que no tienen un céntimo, escritores frustrados, almas necesitadas..los agujeros están llenos de estos personajes...
Cada día sale uno nuevo y se suma a la lista de no importa, puedo con lo que me echen,
pero no puedo ni con la concha-perdón- de su madre.
Mi trabajo de tapagujeros se ha convertido en un suicido, en una tarea irrealizable. Ni siquiera recuerdo porque tapo agujeros, no se quien ni cuando, ni a que fin construyo esta presa.
Solo se que aquí estoy yo, bajo esta enorme presa, paralizado de terror, de impotencia, y de agotamiento, y a la vez con un deseo infinito de que todo esto acabe cuanto antes.
La imagen puede parecer graciosa.. no lo es.
Imagínense una hormiga ante un muro de hormigón de 300m, con fisuras por todas partes, tras el cual hay mares y mares contenidos desde eones de tiempo. Ni siquiera da para imaginar que será de ella.
¿Alguien se ha situado alguna vez debajo de una enorme presa, y ha imaginado lo que sería de el si esta se rompiera?. Con una buena imaginación, puede que te empiecen a temblar las piernas.
No hay imaginación que de para imaginar el poder y el embate del agua, y el destino de esa pobre hormiguita.
Pues así es como me siento, ni mas ni menos. una issignificante hormiguita que va a desparecer por completo.
Pero no me importa.
Voy a dejar de poner parches, de tapar agujeros.
Sobre todo los espirituales, que son los que mas rápido se reproducen. A esos los conozco bien.
Por ejemplo, creer que si uno comprende y siente la naturaleza del agua, va a dejar de sentir miedo al verse como una hormiga al otro lado de una presa que esta a punto de resquebrajarse en mil pedazos. O que por estar al otro lado de un presa, tapando agujeros, uno no puede comprender la naturaleza del agua...que es fluir y llenarlo todo. Las cosas no están ni vacías ni llenas. Todo esta en todo, y el agua llena también en los agujeros donde se siente miedo.
Si, dije llenarlo todo.
Que si sabes que la iluminación, que es la vida en si misma, es algo que simplemente siempre sucede, no puedes sentir miedo, o que si uno siente miedo no puede estar iluminado. Contradicciones que existen solo en la cabeza, no en el ser, no en la vida, no en la verdad de cada momento. ¿Donde esta la contradicción de ser esto y lo otro, la cosa es ser, no?. ¿Que importa ser en la luz o en las tinieblas? Dejar de ser, eso es lo imposible. La iluminación es un hecho, es la vida que sucede, solo eso, y dentro de ella caben todas las cosas. Se puede vivir en el presente eternamente realizado y a la vez en la idiosincrasia del proceso. Todo cabe, todo es adecuado.
Por eso, voy a dejarlo, pase lo que pase.
Se que la presa reventará igualmente.
Prefiero que me pille relajado, esperándola, centrado, quieto, sin miedo. Y si no me pilla asi, tampoco me importa. Me pile como me pille, aun cagado en las bragas, será perfecto.
No tengo miedo a la presa, ni al agua, ni a morir, tengo miedo a la imposibilidad de seguir tapando agujeros, tengo miedo a seguir con esta tarea de locos. Tengo miedo a no ser yo mismo, porque el no ser yo mismo, que es rendirme a lo que es, aunque me muera, se ha convertido en una tarea irrealizable, imposible de hacer.
Aunque tampoco este miedo existe, dado que no puedo dejar de ser lo que soy, tapando agujeros o no, es mas bien una cuestión de fuerzas, corporal, de sangre.
Sale un agujero y por muy bien que lo tape, sale otro, y otro y otro.
Ya no puedo más. No hay nada ni nadie que pueda realizar esta labor, una ilusión no puede tapar a otra. Es como ajjh, ajjh, ajjh...e ir perdiedo fuelle hasta que solo queda el silbido del asma, de no poder ni respirar....sihhhh -ahhhh sihhhh-ahhhhh!....
No vale la pena, no tengo nada que defender o proteger al otro lado de la presa. Ni casa, ni familia, ni bienes, ni futuro, ni sueños, ni ideas, ni creencias. Nada. Solo yo, mi cuerpo agotado, mi mente que ni siquiera rige bien, y los agujeros, desde hace años. Solo yo y este hábito absurdo, cuando la naturaleza del agua es fluir de todas todas.
No lo puedo parar, y se que mi muerte, si me muero, es solo un acontecimiento mas en este fluir de las cosas en todas las cosas.
Así que se acabó, aquí acaba mi miedo, y si mi vida es eso, pues también me despido de ella.
Que alivio, joder!, que alivio. Descansar de las tareas de hércules, cuando tenemos mas hambre que carpanta. Hambre de amor, sobre todo. Ya es hora de comer, o al menos, de dejar de pasar hambre, de mendigar por los arrabales. Ya es hora, si.
No hay nada que hacer.
Si muero sera una muerte rápida, no me enteraré. Si sobrevivo, si acontece un milagro, no creo que recuerde nada, ni quien soy ni donde estoy, y así, igual vuelvo a tener otra oportunidad.
Tábula rasa.
Renacer realmente.
O resucitar.
La verdad, no me importa. Voy a disfrutar realmente de estos últimos momentos.
Voy a vivirme y estar en mi plenamente.
Sin fugas ni vergüenza, sin espiritualizaciones ficticias de la materia, de lo que simplemente es, estando presente en cada una de las células de mi cuerpo. Siendo agua, siendo hidrógeno y oxígeno, siendo molécula, siendo vacío, siendo muerte, siendo espacio, así cuando el agua, la muerte o el vacío lleguen, no notaré la diferencia.
Pase lo que pase, estará bien, por fin, será lo natural, lo que corresponde, lo justo, lo adecuado, la verdad, lo que es y ha sido incontenible desde el principio de los tiempos.
Asi que namasté de mi mismo a mi mismo. Desde ahora, y en lo poco o lo mucho que me quede...
Namaste, César.
Namasté.
