El Tao y el Vacío Creador

"Hay algo sin foma y perfecto
que existía antes de que el universo naciera
Es sereno. Vacío.
Solitario. Inmutable.
Infinito. Eternamente presente.
Es la madre del Universo.
A falta de un nombre mejor...
lo llamo Tao.

Fluye a través de todo,
dentro y fuera de todo,
y al origen de todo retorna.

El Tao es grande
El universo es grande.
La tierra es grande,
El hombre es grande.

El hombre sigue a la tierra.
La tierra sigue al universo.
El universo sigue al Tao.
El Tao se sigue a sí mismo."

Tao-Te-King, cap 25.

jueves, 14 de enero de 2010

Prácticas.


Primer día de prácticas.
Jugar con colores y tarritos de agua.
Miedo a que esto sea un absurdo.
Miedo a que no sea mi camino.
A perder mi tiempo y mi espacio.
Miedo a que abusen de mi infinita estupidez.
La distancia de un pensamiento.
Me gusta jugar con los colores y los tarritos de agua.
No se si podré vender esto, desconozco el producto, es caro, dudoso... (la distancia de un pensamiento), pero me gusta jugar con los colores y los tarritos.
Me gusta la idea de vender botijos purificantes, aunque pocos puedan permitirse el lujo de tenerlos en casa.
Me gusta el maletín, la simpleza de los compañeros, y que a todos nos guste el hip-hop.
Cuando no hay nadie todo esta bien.
Yo disfruto con todo.
Bajo mi armadura de fuego y llamaradas se mece un ejercito de ángeles.
A ellos les gustaría cantar, cantar siempre, aunque los demonios opinen que cantar siempre es una acto estúpido, de serafines regordetes, y no acorde con las circunstancias.
Tras el juicio de estupidez , hay un deseo, una necesidad real de simpleza, de cantar siempre aunque se me caiga la baba, o piensen que soy bobo, mostrarme verdaderamente como el gran bobo bobo que soy, porque el bobo es realmente el único que no busca nada. Ni siquiera las cosas mas sutiles que siempre buscamos aunque no se ven.
Adoro esa simpleza tan pura que delata al niño listo como el niño bobo que siempre es.
Adoro permitirme sentir que no se nada, de instante en instante, me gusta olvidarlo todo, no almacenar nada, aunque quiera, adoro este alzheimer prematuro que se me ha hecho un chalecito en el coco.
Esta tarde el niño listo llegó indignado.
Reclamando su historia, y su futuro.
Pensando, porque el piensa siempre, en todo, y de todas las formas posibles, por si acaso.
Ante su amenaza de abandono por una oferta mejor, el empresario se quitó la armadura de chico guay y salió un niño grande que le dijo al otro niño que su corazón era noble, que confiaba mucho en él, mientras le ponía mirada de antílope antes de ser devorado por el león.
Y al final todo resulto ser un baile de críos.
Oleadas de amor recorrían mi cuerpo.
Podría morir por ese hombre, por ese o por cualquiera sobre la tierra.
Todo es por amor.
El trabajo es una excusa.
EL verdadero trabajo es el amor, amar a todos, en todas partes.
Viéndome solo bajo la lluvia el chico rumano que sabe mi nombre me ofrece llevarme en coche. Vive en la otra parte de la ciudad: desconozco su nombre.
Me siento avergonzado por eso, porque no puedo acordarme de los nombres ni de las caras, porque vivo ajeno a todo, a todo lo que tenga que ver con un planeta llamado tierra.
La gente sabe que tengo las orejas mas grandes que Dumbo, y sabe a que huele mi corazón, por mucho que gruña...lo sabe, y me lo recuerda porque yo lo olvido. Lo olvido cada dia y cada mañana.
Moriría por cualquiera, solo porque me lo pidiera.
Podría morir por una causa estúpida o inteligente, lo mismo da, porque la muerte es solo por amor.
Amo al soldado que muere por su patria. Lo entiendo, lo veo, y se que muere por amor.
Superficialmente muere por una creencia, pero esa creencia se fragua en su inocencia, y la inocencia solo vive y muere de amor.
Amor que lleva el nombre de patria, de mujer, de hijo, o de caracol.
Amo al que asesina también a ese soldado. Al que hizo las balas, y al que ideo la guerra.
Amo al pacifista, y al que se encadena para que paren las guerras.
Amo a las viudas y a los huérfanos, a los mercenario, y a los prisioneros.
A los libres que nunca morirían por nadie tambien los amo.
Moriría por cualquiera de ellos, solo para despertarlos, y volver a tener la oportunidad de despertarme a través de su experiencia.
El amor es tan sutil que escapa a la sutileza mas pura.
El amor es la cosas mas simple y evidente del mundo.
El bobo es el que ama, el niño listo intenta cuidar de que al bobo no le pasa nada, pero es que nunca le pasa nada.
(.......)
Cuando llega Devi me pregunta si no he ido a la entrevista de la disco, y en ese momento descubro que lo he olvidado.
Llegue con la cabeza osmotizada y descalcificada, me puse a escribir esta cosa, y me he olvidado de meterme una carta mas en la manga.
Me irrito, y al momento me pregunto por que, si tengo alzheimer prematuro: el olvido es un hecho cada vez que me relajo, se me olvida apagar las luces, el ordenador, lo que iba a hacer, lo que he hecho antes, y todo, todo, todo.
Me olvido de mi misma supervivencia porque me olvido de que a veces sí hay alguien por ahí, que necesita ser nutrido y alimentado.
Pero sobrevivir con la mente es imposible, cuando la mente ya no responde. Solo es posible el abandono, no el conceptual, sino el abandono ese en el que ya no queda nadie que pueda hacer el mas mínimo esfuerzo por abandonarse.
Eso es lo que me pasa, no puedo hacer el mas mínimo esfuerzo por nada.
Y mucho menos por un trabajo, dependa mi comida de ello o no. No puedo esforzarme.
No queda nadie que pueda esforzase, decirse yo puedo, y valgo, yo ejem, ejem, ejem...
Saber si la osmosis inversa es la panacea de los hogares o el nuevo timo de la estampita, que me importa a mi?
¿Me voy a poner a estudiar el funcionamiento de la mecánica osmótica o hacer un análisis del mercado?
¿Hacerme el erudito por ponerme al día de química o de...?
¿Acaso no es un juicio?.
Si me dicen que es buena, pues es buena, si me dicen que es mala, pues es mala, ¿porque he de desconfiar de nadie?. Nada es bueno ni malo, la osmosis inversa es la osmosis inversa, si a alguien le gustan los colores y los tarros y quiere y puede gastarse una ilusión en otra ilusión (eso es lo que hacemos con el trabajo, el dinero, y el consumo, hacemos ilusiones para compramos ilusiones con otras ilusiones.
Un verdadero espectáculo de magia!!!.
Pero todo es falso salvo el amor.
Lo genuino para mi es mantenerme en este estado de estupidez flotante donde las cosas son bellas y no tienen nombre, donde uno es capaz de trabajar porque le gusta jugar con los colores y los tarros.
O porque simplemente le gusta bailar en la disco, o pasearse en un camión.
El nombre del trabajo es la excusa, o debería serlo, para ser lo que somos y hacer lo que nos gusta, y no un estúpido motivo por el que avergonzarse, irritarse, o vanagloriarse.
Elegir es un suplicio, el gran suplicio.
La libertad falsa de unos grilletes bañados en oro de 24 kilates. elegir es pasear de la correa al mono de la mente, y no mas que eso.
Y que decir de la ambición, que es eso, que es eso???
He vivido tanto tiempo sin nada que he conseguido ver el dinero como lo que es: un trozo de papel con unas figuritas dibujadas y unos números que son capaces de crear guerras, poner un cerco a la tierra, y hacer que la gente se esclavice de por vida, o se vuelva loca de remate. Nada de esto tiene el más mínimo sentido para mi, ni para mi yo-mi, ni para mi yo-nadie.
Para nadie.
O sea, algo que se me ha vuelto completamente incomprensible, e insignificante.
El dinero, je..
Tienes mucho dinero, me parece bien.
Tienes poco dinero, me parece bien.
No tienes dinero, me parece bien.
Infinito mas cero es infinito, no cero.
Aunque muchos crean que el infinito es el dinero y nosotros el cero, y no al revés.
En fin, y todo esto es la distancia de un pensamiento?
Pues vaya...
A mi me gusta pasear de vez en cuando, y no me planteo si tomo o no tomo distancia de que..
Me gusta pasear bajo el sol y los árboles, y lo prefiero, aunque no tenga dinero para hacer otra cosa distinta, ni otra cosa que hacer.
La pobreza alberga muchas dádivas.
Por ejemplo ahora valoro cosas que antes ni siquiera veía de soslayo.
Un abrigo que abrigue, unas gafas sin rayajos, tener tiempo de sobras para fumar un cigarro sin prisas, o escribir una parrafada como esta, mientras bebes y saboreas poco a poco una taza de te humeante, que acaba mas fría que un polo.
Todas estas cosas son preciosas, y me alegra mucho poder valorarlas, tener la oportunidad de reconocerlas y valorarlas.
Como la cena que me espera y que tan amorosamente me han preparado.
Motivo sobrado para poner fin a este post.
Pero antes una promesa (si se puede prometer algo).
No escribir mas sobre solemnidades (salvando el post prepreprometido sobre las etapas del despertar, uf, vaya rollazo de deberes...).
No hay nada sobre la tierra o bajo el sol, empezando por la iluminación, que se pueda tomar en serio, nada en absoluto, ni siquiera el amor, sobre todo el amor.

A Soledad, por su sinceridad e inspiración.
Y a todos los que están (estamos) aprendiendo a montar en bicicleta.
Un abrazo.

martes, 12 de enero de 2010

La Loca Sabiduría


Dentro del infinito espacio de la consciencia hay sitio para que todas las cosas tengan cabida.
A la consciencia le gusta jugar, y para jugar hace uso de todas las formas posibles.
Siendo originalmente y esencialmente una, se crea a si misma a través de la ilusión del pensamiento, y a través de este se reproduce en fractales infinitos que se interrelacionan de tantas maneras que no pueden medirse.
Este es el poder de la Shakti, o lo que la Hello Kitie llama tan lucidamente la mitosis del pensamiento, ante la cual, si entramos en ella, por definición, ya estamos perdidos.
De esta forma el misterio de la creación se mantiene incorruptible e inaccesible incluso para la misma herramienta creativa. El misterio solo se revela a la misma consciencia, porque el misterio es ella misma.
Las primeras dos formas en las que ilusoriamente se divide la unidad primigenia es la dualidad que conocemos como el origen de todas las cosas, como la pulsión que mantiene activo el universo.
Los ritmos, las estaciones, los vaivenes de la energía, la expansión y la contracción de todas las formas, el movimiento, la alternancia, son manifestaciones de esta dualidad, que nace del mismo pensamiento.
Estos dos santos gemelos, originariamente puros, son conceptualizados por la mente, desde una visión parcial que obedece necesariamente a la identificación o inclusión en uno de ellos, y por tanto, a la descalificación o exclusión del otro. Es así como funciona el pensamiento, y es así como la consciencia de separación se origina: si estoy aquí no puedo estar allí, si soy esto no puedo ser aquello.
Ying y yang, luz y oscuridad, bien y mal son nombres dados a estos movimientos. En medicina china, o mas bien, en la filosofía taoísta que la fundamenta, se comprende que no hay dos opuestos, sino mas bien un fluir de un estado a otro complementario de consciencia. Por eso la contracción tiene en si misma el germen de la expansión y viceversa.
El equilibrio se mantiene gracias a este germen, que nos indica que tras la aparente dualidad, tras el aparente cambio, hay un sustrato inconmovible.
El quicio del Tao es incomprensible, pero puede ser visible si uno consigue mantenerse en este germen todo el tiempo, es decir, ser el germen de la quietud en pleno movimiento, y viceversa, ser el germen de la tristeza en la alegría y viceversa, ser el germen de la paz en la guerra, y viceversa.
Permanecer en ese centro, en ese eje en torno al cual todo gira. Y que no puede ser percibido, ni experimentado, porque es el sustrato de toda percepción y toda experiencia.
Aceptarse a uno mismo significa aceptar que uno es en esencia tanto el eje como el fenómeno del movimiento, y ser uno mismo significa no hallar diferencia entre esa quietud y ese movimiento, entre estar aquí o alli, entre centro y periferia, entre noche y día, entre ser el todo y no ser nada, entre ser la consciencia absoluta y esa consciencia manifestada en un hombre/mujer de carne y hueso.
Aceptarse significa ser en eso que es indefinible, y a la vez en eso otro que es solo fruto del pensamiento, creencias y conceptos.
Aceptarse significa, como decía un amigo mio, que todo debe ser mostrado al sol, y agradecer los medios que la vida nos envía para que todo que llamamos “nuestro” se airee a los cuatro vientos.
Aceptarse significa vivirse sin miedo porque ya no hay razones para fingir ser esto o aquello. Aceptarse significa aceptar que uno es tan incondicionado como condicionado, tan infinito como finito, y que todo es parte del mismo juego.
Aceptarse significa decir sampai también al cabrón, al hijo puta, al pendejo, al mentiroso, al tirano o a la víctima que todos llevamos dentro, y comprender que la perfección de la consciencia no se empaña ni cambia por ello. Que el espacio sigue siendo espacio pase lo que pase por él.
Que lo Real es lo Real, y que la ilusión es una ilusión.
Nothing is No-thing.
Lo Real en mi es lo Real en ti.
La ilusión en mi es la ilusión en ti.
Aunque mi ilusión puede ser aparentemente distinta de la tuya.
Yo puedo disfrazarme de verdugo que empuña el hacha que rebanará tu cuello, solo porque tu te disfrazas de condenado a muerte.
Yo puedo disfrazarme de loco solo porque tú te disfrazas de cuerdo.
Yo puedo disfrazarme de calor solo porque tu te disfrazas de frío, o disfrazarme de fuego solo porque tu te disfrazas de oxígeno.
Yo puedo disfrazarme de noche solo porque tu puedes disfrazarte de día.
Y viceversa.
La ilusión de la separación, de la dualidad, sea como sea que salga a nuestro encuentro, es siempre un reflejo que nos devuelve a la realidad de la naturaleza inseparable de la consciencia.
Para esta labor la consciencia juega a disfrazarse de múltiples maneras, y ha elegido ángeles y demonios que se reflejen mutuamente sus carencias.
Los maestros de la luz convocan a los maestros de la oscuridad, y de su abrazo nace el verdadero maestro.
Un maestro de luz es el que señala hacia la Realidad que eres. Su camino es la afirmación.
Un maestro de oscuridad es el que señala hacia la ilusión que no eres. Su camino es la negación.
Al afirmar se niega, al negar se afirma, el maestro de luz es el maestro de oscuridad, y viceversa.
¿Cual es la diferencia?.
¿Donde esta la luz y donde la oscuridad dentro de ti?
¿Quien eres?
¿Quien no eres?
Al callar aparece la verdad, y la verdad es el silencio, donde todo está en todo.
Sin conceptos.


Y para concluir quiero compartir un pequeño cuento con la Shanga, la cybershanga y la shanga de la calle, la de todos los días.
Hay tantos iluminados paseando por las calles, sin que lo sepan, o quizás, sin que les interese que se sepa, que un día, sencillamente, el mundo se deshará en fotones, tanto como se ha oscurecido bajo las tinieblas.
Y ambas cosas, como ilusiones que son, seguirán sin empañar ni alterar la realidad de ser que somos, que siempre es.
Sirva el cuento como ofrenda y como disculpas por mis incursiones en la loca sabiduría, y por las heridas que esta forma de ser haya podido causar, a un@s y a otr@s:


-”Después de haber dejado a mi maestro, decidí irme a meditar a una cueva, en completa soledad. Algunos parajes de la montaña, alejados de los pueblos por varios días, y a veces semanas, de marcha, son lugares que los ascetas conocen desde hace milenios, y a menudo vamos a habitar cuevas donde han vivido docenas de sabios. A veces, se encuentran unos sutras budistas grabados en la piedra, a veces, frases o mantras en sánscrito.
Esas cuevas se encuentran, por lo general, en lugares de la montaña que se parecen a las colmenas, y a veces hay varias decenas de ascetas instalados muy cerca el uno del otro. Puedes encontrar tibetanos, hindúes, tantrikas, a veces incluso chinos, y monjes del pequeño vehículo, con su túnica color azafrán. He visto monjes japoneses con sus sombreros de paja y sus vestidos negros. A veces uno de ellos baja a buscar comida. Otras veces charlan mientras recogen agua de la fuente, rien y bailan, cosas que la gente del valle no imaginaría.
Cuando un ermitaño muere, se le quema, se le entierra o se le abandona a las aves rapaces.
Puede suceder que uno de ellos caiga enfermo, o sufra lo que denominamos el inmenso terror.
Todos los ermitaños lo conocen o lo conocerán un día.
Es el último estallido del yo, la puerta hacia lo divino.
Un día un joven ermitaño llegó a la montaña. Debía tener unos 25 años. Era indio, pero había seguido la enseñanza de un maestro tibetano nyingmapa. Había pasado seis años en retiro de clausura, y al final del mismo decidió llevar una vida de yogui. Este joven no se parecía a ninguno de los otros ermitaños. Al principio lo tomamos por loco. A veces sucede que un ermitaño pierde la razón, y erra por las montañas. Puede recuperarse espontáneamente, o puede que no.
Nuestro joven yogui indio tenia un carácter ardiente e imprevisible. Era ruidoso, cantaba a voz en grito mientras recorría las cuevas, reía, contaba historias graciosas u obscenas. Sacudía a los ermitaños para sacarlos del samadhi, y les insultaba diciendo que estaban perdidos, que su meditación apestaba como un cadáver, y que no habían comprendido el Rigpa, o la Presencia Pura.
Algunos que creían que estaba loco se reían de él, otros lo rechazaban, a veces violentamente. En una ocasión le tiraron piedras, se calmó un tiempo, pero en cuanto se recuperó, volvió a hostigarnos.
A los que creían en la idea del Yo, de la Conciencia como receptáculo, les gritaba en el oído que solo el no-Yo era superior, y a los que creían en el no-Yo, los amenazaba con cortarles la conciencia a cuchilladas, y les decía que allí encontrarían al Buda. Se paseaba con su gran cuchillo tibetano, que sacaba de una funda plateada, cincelada, sobre la que estaba grabada la figura de un dragón. En seguida lo llamamos “Dragón”.
Como molestaba a los ascetas continuamente, uno de ellos propuso una reunión según se hacia antiguamente, para debatir el tema del Yo y del no-Yo, con la condición de que Dragón, terminado el debate, se retirara en silencio a su cueva, y no volviera a turbar la paz de ascetas. Dragón aceptó esta propuesta y se encargó de divulgar la noticia, dejando claro que quienes no participaran en el debate seguirían siendo sus víctimas.
Así, el día elegido, 23 ascetas se reunieron en la colina donde iba a tener lugar el debate. Según la antigua costumbre, los oponentes se colocarían en dos filas enfrentadas. De una lado los partidarios del Yo, y del otro los partidarios del no-Yo.
Únicamente Dragón cambiaba constantemente de un lado a otro. El debate comenzó con calma, luego, debido a la agudeza de los argumentos, y a la riqueza de de las citas que lo sostenían, el ambiente se fue caldeando, y se desarrollo una verdadera polémica. Parece ser que antiguamente el perdedor de un debate filosófico era condenado a muerte o expulsado. En las escrituras hay numerosas alusiones a esos duelos que a veces cambiaron el destino de un reino, como pasó en el tibet, donde los ascetas chan tuvieron que irse después de haber perdido un debate con los budistas indios.
Dragón increpaba a los ascetas, saltaba sobre ellos, les cortaba un mechón de pelo. Habían fuego en él, yo lo encontraba magnífico. Había conseguido sacara a 23 yoguis de su guarida, era toda una hazaña. A mi casi no me molestaba. Una sola vez había entrado en mi cueva, y se había ido al ver que era una mujer.
El debate era un prodigio de originalidad, de erudicción, de elegancia, de habilidad. Algunos ascetas se impusieron, los demás los dejaron hablar. Algunos de ellos habían pasado mas de 30 años en la montaña. El destello de su mirada, de su profundidad, de su belleza, era maravilloso. Yo disfrutaba con todo.
Comenzó a oscurecer. De repente, el más anciano de nosotros dijo que había llegado el momento de finalizar. Hubo un gran silencio. Dragón lanzó su llamarada por última vez y se volvió hacia mi:


-”Tenemos la suerte de contar con una Dakini entre nosotros. Ella se ha divertido mucho con el debate. Sin incluirme, creo que es la mas joven del grupo. No me callaré a menos que la Dakini acepte zanjar la discusión!!”.


Todos los ermitaños asintieron. Las miradas se volvieron hacia mi. Avance entre las dos filas: me senté y entré en samadhi profundo. Cuando abrí los ojos ya era de noche. Todos los ascetas habían entrado en meditación profunda. Dragón se encontraba junto a mi. Yo había zanjado la discusión. Solamente la práctica profunda de la no-dualidad trasciende el Yo y el no-Yo.
Dragón había hecho una incursión maravillosa en nuestra tranquilidad. Todo el mundo lo saludó con respeto antes de volver a sus cuevas en silencio.
En cuanto a mi, tome a Dragón de la mano, y realicé con él el ritual de la Gran Unión o Maithuna.
Luego se fue a su cueva, y no volvimos a oirle.”


(extracto sacado del libro “Tantra, la iniciacion de un occidental al amor absoluto.” Daniel Odier. Edit. Alfaomega)


“No se puede pedir al fuego que no queme.
Ni al espacio no dar sitio.
Espacio y fuego se unen en silencio.
Y en él se reconocen como Uno.”

Dedicado, en primer lugar, a Devi, por su amor y paciencia, después a todas las Dakinis de mi vida, tambien por su amor y su paciencia, y por último a todas las Dakinis del universo: por su amor y paciencia con todos los locos de la sabiduría.



lunes, 11 de enero de 2010

Advaita y sufrimiento.


Me veo en la obligación moral de escribir este artículo.
Pero dado el tema, y para no caer en personalizaciones, por mi propia historia personal con el asunto, quiero ser lo mas breve y escueto posible.
Hace mas o menos una semana recibí un mail de un hombre (no menciono el nombre por discreción, no por lejania), padre de tres hijos, y buscador de la verdad, que me pedía ayuda para solucionar un dilema que sentía entre la búsqueda o la senda espiritual y el sufrimiento.
Mostraba una auténtica compasión, genuina, por el sufrimiento ajeno, en especial el de los niños. Me conmovió, no eran de esas preguntas retóricas, intelectuales, filosóficas o narcisistas. Era un corazón desangrado por su misma presencia, y a la vez, por su misma ausencia.
El hombre estaba jodido por el hecho, no interiorizado aun, de que la consciencia se manifestara tambien como sufrimiento, y no podía aceptar que semejante sufrimiento fuese un juego de la misma, o lo que es peor, obra suya.
Después de meditar en la esencia, de sentir la esencia de lo que le cocía por dentro, que es lo mismo que a mi me ha cocido y quemado tantas veces, le constesté lo mejor que pude, o que supe, desde ese mismo amor impersonal que decía reconocer en mis palabras. Palabras que no son mías, o al menos lo intentan. Que menos que eso...
Pero el tema me ha seguido rondando y rondando, porque es un tema universal, y porque todavía genera muchos malentendidos.
Cierta literatura espirituosa de fin de siglo, intenta aligerar o narcotizar la indudable enseñanza del sufrimiento con títulos como la inutilidad del sufrimiento, y cosas por el estilo.
Dado que tengo mis propias cuentas con el suffering, no puedo mas que intentar arrojar un poco de luz sobre este espinoso asunto.
Para abordar el sufrimiento desde la perspectiva del advaita, no voy a posicionarme en la visión no dual, sino desde la perspectiva del que sufre, del que busca.
Desde la perspectiva del Uno sin segundo, poco habria que hablar sobre nada, solo ser y amar el mismo sufrimiento, en silencio.
Pero como me ha enseñado hace bien poco una brillante estrella de la mañana, la compasion es ponerse, posicionarse precisamente en ese lugar, aunque uno sepa que su lugar es todo el espacio. Precisamente porque el espacio es Todo, uno puede posicionarse en cualquier lugar. Tambien y sobre todo, en el lugar que en ese espacio ocupa el sufrimiento.
Asi que empecemos por la primera noble verdad.
Hay muchos tipos de sufrimiento, físico, emocional, mental, espiritual, pero todos tienen una raíz universal, y esta raiz es la creencia en la separación, creencia que se experimenta de un modo físico , emocional, mental y espiritual respectivamente.
La verdad del sufrimiento es genuina, no es algo inventado, es real. Si no lo fuese nadie estaría por ahí buscando dejar de sufrir y ser feliz. Esta es una búsqueda verdadera porque lo que buscamos es real, infinitamente mas real que su ausencia. De hecho es lo que buscamos lo que le dota realidad a su ausencia, y no al contrario, es la conciencia lo que nos dota de la certeza y el sentido de identidad, de existencia, y no al contrario.
El hecho del sufrimiento es real. No es necesario teorizar ni discutir sobres esto. Ni por supuesto aligerarlo con elaboraciones mentales narcisistas, escapistas, o superfluas.
Un niño que se muere de hambre es un niño que se muere de hambre, un crío que pierde a sus padres pierde a sus padres, una ruptura es una ruptura, una enfermedad mental es una enfermedad mental, y una noche oscura es una noche oscura.
Ahora bien, la realidad del sufrimiento, solo tiene vigencia en el reino de lo personal, puesto que es lo personal, la creencia de que yo soy algo separado de ti, y del resto de la existencia, que ha de sobrevivir, comer, crecer, dar fruto, con los consiguientes riesgos antagónicos de morir, estancarse, y quedarse estéril, lo que causa el sufrimiento mismo.
La experiencia del sufrimiento es la personalización y perpetuación de una experiencia de dolor, que muy bien podría ser pasajera, pero que se prolonga por diversas causas, a veces internas a veces ajenas, y la mayoría de la veces una mezcla de los dos. Ni fu ni fa.
Una cosa es poner fin al sufrimiento de repetir un patrón de buscar tiranos o víctimas en las relaciones , y otra poner fin a la hambruna de millones de niños.
Sin embargo estos dos sufrimientos coinciden en el hecho de que su raíz es la misma interpretación o creencia en la separación, en que hay alguien allí que sufre esto.
En uno me busco a mi mismo eternamente fuera de mi, y eternamente me quejo o tiranizo al que no puede darme lo que me niego yo mismo, y en otro, someto a un pais a condiciones infrahumanas porque he sido educado en la creencia de mi superioridad, o de mi mayor merecimiento sobre los recursos de un planeta al que ni siquiera puedo sentir, porque no soy capaz de sentirme a mi mismo como un ser apacible, completo, abundante, y perfecto.
El dolor que causa una u otra experiencia es perfectamente solucionable porque esta causado por ciertas condiciones perfectamente reversibles. Esta es la interdependencia, y, en ese reino, todas las creencias son reversibles.
La pesadilla de caer sin fin se puede transformar, con un poco de esfuerzo, en un bonito sueño de volar. La creencia en el miedo y en la separación, en la creencia en el amor y la unidad.
Pero las creencias, aun pudiendo mitigar el dolor, no son capaces de poner fin al sufrimiento. Una creencia no puede terminar con la ilusión de otra creencia, solo ocupar su lugar.
Solo el Ser, solo lo Real, solo el Amor puede poner fin a la tragedia.
El sufrimiento, sea como imposición externa o adicción interna, solo se disipa yendo a la fuente misma del dolor, atravesando la misma experiencia sin juicio ni interpretación, sin rechazo ni apego.
Este es el lado luminoso del sufrimiento, como espejo que nos devuelve mil, un millón, un billón de veces reflejada la cara del mismo dolor, la misma punzada excarvando con precisión milimétrica en la misma herida, hasta que nos volvemos locos de dolor y desesperación, y tenemos bastante.
El único objeto del sufrimiento, personal, o colectivo, es llegar al quicio de su misma causa.
Su causa es siempre la creencia en la separación, que sustenta la ilusión de la personas, los paises, las fronteras, las leyes, o la necesidad de ellas, y la riqueza vista como una tarta que hay que repartirse, etc.. El sufrimiento es la perpetuación de un dolor que no se acepta, que no se respira completamente.
El dolor pasa, y puede que te enteres de lo que quiere decirte o puede que no.
Por acaso vuelve, y de nuevo puede que te enteres o puede que no.
Tanto si se ignora, como si se personaliza dramáticamente, el dolor se transforma en sufrimiento, y este no deja resquicio, no te deja escape, y por eso mismo, es el mejor aliado del advaita.
Porque donde el sufrimiento dice separación, separación, separación, y un sinfin de historias que se hilan al sueño de la persona, el advaita dice no-dos.
Y puesto que la mente no sabe de no-dos, la conciencia aguarda a que el corazón este tan sediento de si mismo, tan agotado de sobrevivir de espaldas a su fuente, que se tire de bruces a los pies del maestro, y olvide su sufrimiento para siempre.
El maestro es el amor impersonal que nos libera de la persona que sufre, de la interpretación personal de la experiencia.
De la persona que juzga, que interpreta, que sopesa, que mide, que crea una y mil veces una historia fantasmagórica de conquistas y fracasos, de luchas, de anhelos, de deseos, de logros, de necesidades, de satisfacciones, de decepciones, de dependencia tan falsos como la personalidad o identidad que cree vivirlos.
El sufrimiento es útil, pero solo para darse cuenta de que la creencia y la persona que lo sustenta es una interpretación, no un hecho. El hecho del sufrimiento es verdadero, la creencia que lo crea no lo es, ni por asomo. Y esto es universal para cualquier sufrimiento.
El sufrimiento es útil, mucho mas útil que un dolor pasajero, para empujarnos a esa dicha que tan sabiamente sabemos que nos merecemos.
Esa dicha no es una conquista, ni un logro, un una realización, no hay forma de que podamos adquirirla o renunciar a ella. Es nuestra propia naturaleza.
Vivir de espaldas a ella, intentar vivir de espaldas a lo que somos, es lo que realmente causa sufrimiento.
El sufrimiento es el lado oscuro del amor, es el amor que se niega a si mismo, que se tapa los ojos ante si mismo, para finalmente, reconocerse a si mismo completamente.
Cuando el amor reconoce el amor en el sufrimiento, cuando el amor y el sufrimiento se encuentran nace la compasión.
El discípulo que sufre en su corazón, por si mismo, o por el mundo entero, es un maestro en potencia, mucho mas que el que busca por los vericuetos sin fin de la mente, que invariablemente, también sufre.
Y mientras, en el eterno presente, el maestro que somos nos espera. Espera pacientemente a que el sufrimiento cumpla con su labor de desgaste, con su trabajo erosivo y eficiente, mientras nos ama impersonalmente, sabiendo que ese amor es solo el reconocimiento de que, mas allá del que sufre, no hay nada ni nadie allí, solo el amor, solo el maestro que se reconoce a si mismo en todas las formas, en todas las apariencias, en todas las lagrimas, en todas las búsquedas, en todos los anhelos.
Lo diré una vez más, porque las cosas importantes conviene repetirlas:
Cuando el amor y el sufrimiento se encuentran nace la compasión.
Es una sencilla fórmula:
Advaita (amor) + Sufrimiento= Compasión (o sea, mas amor, si cabe...)

lunes, 4 de enero de 2010

El valor de las cosas.


El valor que le damos a las cosas es directamente proporcional al valor que reconocemos en nosotros mismos.
Esto puede parecer al revés, pero no es así.
Intentaré explicar, lo mas brevemente posible, por qué.
La cosas tienen un valor infinito porque nuestro valor es infinito.
Nuestro valor es infinito porque lo que somos es infinito.
Exactamente lo mismo se puede decir de las cosas, las cosas tienen un valor infinito porque lo que son, lo que realmente son, es infinito.
Es este un valor intrínseco, que nada tiene que tener con el materialismo al uso, ni con el valor estético, ni con el funcionalismo.
Es un valor por sí mismo.
El valor de un perro es él mismo, y lo mismo sucede con una mesa, un sacacorchos o un yate de lujo.
Su valor es su existencia misma.
Uno puede decir que esas cosas valen por su uso, por su utilidad, por lo que cuestan, etc, etc, pero estos valores serán siempre relativos a como y porque nos valoremos a nosotros mismos, no absolutos.
Uno también puede decir que las cosas no tiene ningún valor por si mismas, que son todo ilusiones a las que entregamos atención, poder, o energía, y aun siendo así, las cosas seguirán siendo en si mismas, como reflejos o manifestaciones de un infinito cuyo valor es infinito.

Cuando el valor es infinito el valor resulta incalculable, se trasciende el concepto de valor mismo, quedandonos a solas con el milagro de percibir el infinito en cada cosa.

El infinito de una cosa percibiendo el infinito de otra cosa, es solo el infinito percibiendose a si mismo.
El valor relativo de las cosas se mueve en la paradoja solo mientras nos percibimos separados de las cosas.
Cuando nos sentimos separados de las cosas solo podemos desearlas o rechazarlas, pero no podemos sentirlas como parte de ese infinito que somos.
Sentir que el cable de teléfono, o las teclas de ordenador con las que estoy escribiendo este texto son parte inextricable de mi.
Sentir que al comer me estoy comiendo a mi mismo, y que resulto delicioso en la forma de costillas con patatas, y pastel de manzana. Sentir que mi forma de cama es realmente valiosa para mi forma de cuerpo cansado, o que mi forma de coche es realmente indispensable para mi forma de hace frío, llueve a cantaros o llego tarde al trabajo. Percibir que mi forma de rosa es realmente estimulante para mi forma de nariz, o que tal pieza de música es justo el bálsamo adecuado para mi forma de oido. Pasear con mi forma de cuerpo por mi forma de calle cruzándome con otras formas de mi mismo, ignorarlas o sonreirlas y ver como mi forma de extrañeza se extraña de mi forma de ignorancia o de sonrisa.
Este es el valor real del que hablo, una valor que sencillamente es por si mismo, y que no es dual, sino uno, ya que engloba tanto las cosas como al que valora o denigra las cosas, y el mismo acto de valorar o denigrar las cosas. No hay sujeto ni objeto, sino acción, amor, unidad. Son lo mismo.
Claro que para llegar aquí hace falta haberse apegado mucho a las cosas, o haberlas despreciado mucho.
Ramana decía que las cosas no pueden aportar ninguna felicidad, sino que es el recate de nuestra atención puesta en las cosas lo que nos devuelve al estado de quietud y de dicha, la paz y la felicidad que uno siente por un segundo al satisfacer un deseo, hasta que el próximo surge.
Lo malo de esta cultura materialista y consumista en la que vivimos, es que es una fábrica de deseos tan bien diseñada que apenas tenemos tiempo para reconocer que este estado de dicha parte de nosotros mismos.
Si no nos dejan el tiempo suficiente sin deseo, para reconocer que no necesitamos nada para ser felices, ¿como reconocer nunca el valor de las cosas por si mismas?.
¿El valor que se muestra solo al renunciar al deseo y dejar que sean las cosas las que se muestren por si mismas, y nos reflejen la unidad de todo lo que existe?.
El valor de las cosas es infinitamente proporcional al valor que descubrimos en nosotros mismos. No estoy hablando de pegarse un cursillo de autoestima, de coaching, o de PNL, no estoy hablando del cuerpo-mente, sino del valor absoluto del ser, por si mismo, y nada mas que por ser y existir en todas las formas posibles...
(Silencio...).
Todas las cosas tiene un valor infinito, sobre todo las que no nos gustan.
Hoy me he levantado en una tristeza profunda, sin ánimo de hacer nada.
Me he quedado allí, mas porque no puedo hacer otra cosa, que por estoicismo.
Como su existencia era un hecho en si mismo, le he dado espacio, espacio para que la tristeza se expresara a si misma.
Aun se lo estoy dando, ese y todo el que necesite, todo el del mundo.
Y en ese espacio la tristeza tiene un valor completo y absoluto, un valor de existencia inocente y pura, sin clasificaciones, sin justificaciones, sin elaboraciones mentales, sin juicios. No le he dado espacio a esta tristeza para observarla, para analizarla, para saber de donde viene, que la ha causado, que es lo que tiene que decirme, o a donde va a ir...hacer esas cosas no es darle espacio en absoluto. Es mercadear con nuestros sentimientos, en vez de dejarlos ser.
El espacio que le he dado significa lo siguiente:



"Te veo, tienes un valor inestimable porque me haces sentirme y reconocerme a mi mismo en la forma de tristeza, y solo por eso te estoy infinitamente agradecido.
No tengo nada contra ti, no me importan tu origen ni tu destino.
Estas invitada a quedarte o a pasar de largo en este espacio.
Puedes llorar, o gritar, o seguir goteando gotas de tristeza sobre mi corazón el tiempo que quieras, el tiempo que necesites.
Puedes hacer lo que quieras porque eres otra forma mía.
Y yo me amo a mi mismo.
Asi que vive, exprésate a ti misma, siéntete libre."



Este, y no otro, es el valor del que hablo.
El infinito valor del infinito que se expresa infinítamente a sí mismo en todos los infinitos-cosas que nos reflejan el juego de nuestro propio infinito.

domingo, 3 de enero de 2010

Ego y yo.



Vienes a mi lado con falsas ofrendas,
pero tus regalos son trampas, tus presentes anzuelos.
No hay regalo alguno que me puedas dar,
no hay nada en lo que has atesorado que me interese.
¿Que puedes darme si ni siquiera tú existes?
Que es lo que puedes darme cuando ni siquiera te tienes a ti mismo?
El regalo que yo quiero
solo yo me lo puedo dar.
La libertad que yo deseo
solo yo la tengo.
Durante eones sin cuento
te he estado esperando,
mendigando sentado en el dintel de tu puerta,
esperando a que me vieras.
Durante eones pidiendo tu atención,
tu amor, tu cariño, tu afecto,
a ti, mujer y hombre de los mil rostros, de los mil brazos, de las mil bocas.
Y a pesar de tener dos mil pares de ojos
Nunca me has visto...
porque sencillamente era imposible que me vieras,
pues yo era invisible para mi mismo.
A pesar de tener dos mil pares de brazos, y dos mil bocas,
jamás me has tocado ni besado verdaderamente, porque no podías ver,
ni con tus dos mil pares de ojos,
a quien tenias que tocar y besar verdaderamente.
Tampoco yo fui capaz de dejar de mirarte
y ver que tu ceguera era solo un espejo de la mia,
que tu ausencia solo era una prolongación de mi soledad.
Por eso abandoné tu casa, tus lujos, todo ese espejismo
que para mi solo eran los restos del infinito que me negaba a mi mismo,
abandoné tu corazón, mil veces mas carente que el mío.
Tus abrazos, que solo podían recibir, y no dar.
Tus besos que no eran dádiva, sino súplica.
Me fui con mi riqueza, que es el amor
y te deje con la tuya que es el amor.
El mismo amor que sigue esperando a que le veamos,
que le abracemos, que nos reconozcamos en sus ojos,
el amor que no supimos ni sabemos compartir,
porque aun seguimos mirando en el lado equivocado del espejo.
Porque no sabíamos que lo que el uno pedía al otro,
que lo que el uno le pide al otro,
era y es lo mismo, el mismo amor
que cuanto más se da, más se recibe.
Ahora estamos solos, solos de verdad,
aun durmiendo sobre una misma cama
y viviendo bajo un mismo techo,
nos separan los abismos.
Nada podemos hacer el uno por el otro, salvo mirar en nuestro corazón,
y permanecer en esa ausencia hasta que el amor, el verdadero amor,
tienda un puente indestructible hacia el otro
o separe para siempre nuestros caminos.
Poco importa si estamos juntos o no,
en el amor no hay distancias ni tiempo,
es el deseo el que siempre necesita
y nunca esta satisfecho.
Es mejor estar solos, solos con nuestro amor,
que juntos pero encadenados,
prisioneros de un deseo insaciable,
de una necesidad que no acaba nunca.
No hay mas relaciones que esta,
todas las relaciones son solo un espejo de esta:
la relación con nosotros mismos,
la relación con nuestro propio e interminable amor.
Para conocer y amar al otro
hay que amar y conocer al yo,
saber quien es uno mismo,
porque sin yo no hay otro.
Sin Uno nada existe,
nada existe salvo Eso,
ni siquiera nosotros mismos existimos,
sino es en Amor.
Si no sabemos quienes somos,
bien podemos conquistar toda la tierra,
bien podemos embadurnarnos la frente y el cuerpo de oro,
nada podrá hacernos existir ante el otro,
en vano mendigaremos por su amor.
Nadie nos verá, porque en primer lugar,
no nos vemos a nosotros mismos,
y en segundo lugar, porque pocos, muy pocos
son los que se se ven a si mismos.
Y menos aun, los que habiéndose visto
dejan de buscar, dejan de pedir, dejan de mendigar,
abandonan su escudilla para siempre,
se vuelven hacia el ser, hacia la fuente de su amor
y descubren en Él su morada permanente,
su razón de existir, su vida, su alimento, su delicia...

viernes, 1 de enero de 2010

Hojas al viento.


Visto que a todo el mundo le entra la neurosis come-come de hacer una especie de balance-recapitulación en esos cambios de año de una historia que solo sucede en nuestra memoria-imaginacion, yo tambien quiero unirme a la procesión de la virgen de los recuerdos, dejar mi ofrenda de flores y hacer mi pequeña aportación, aunque llegue tarde:
Que me disculpen los señores del tiempo, los mayas, las lunas, los solsticios, los equinocios, los planetas, las estrellas y la galaxias por mi imperdonable desfase horario.
Verdaderamente no se donde ni cuando vivo, es cierto:
Y lo que es peor, tampoco me importa...

(de mi diario):

Casa, 29 de Diciembre del 2009

No tengo nada más que decirme a mi mismo.
Nada que pensar.
Nadie que pueda pensar.
Nadie por ahí.

Lo hecho hecho está.
Lo dicho dicho está.
Que cada cual conserve la versión que quiera de mí.
La que mas útil le sea.

Del futuro o del pasado,
Del deseo o de la memoria.
Nada de eso soy yo.
Nada de eso tiene lo mas mínimo que ver conmigo.

Aquí esta mi historia personal, para quien la quiera:
una hoja seca que se lleva el viento.
La ofrezco gratis, incluso para el que se quiera limpiar el culo con ella.
A mi ya no me sirve de nada.


Me sirvió, muchas veces, de pañuelo para enjuagarme las lágrimas,
y después de servilleta para comer.
También me sirvió para limpiarme los mocos.
Y por último, para limpiar los últimos restos de mi última cagalera.
La cagalera de caer en el vacío mas hondo
sin la más mínima referencia ni asidero.

Ahora mi culo está reluciente,
y puedo ir o sentarme en cualquier parte a ser yo mismo,
conmigo mismo, en el mas profundo respeto,
y en la mas profunda irreverencia.
El cielo, al fin lo se, es patrimonio de los locos.

Byron Katie se iluminó gracias a una cucaracha.
Yo me iluminé gracias a los ángeles y demonios que me salieron de la boca,
cuando al fin se fueron todos y me dejaron en paz con el silencio,
con mi corazón, con mi mente agotada y vaciada de todo concepto.
Y el silencio me dijo, sin mediar una palabra,
que mi locura no es mas que esto: pura y radiante presencia.
Me iluminé, pero no en un momento, sino en el Siempre Ahora.
Me ilumino ahora y en cada momento con solo mirarte,
amor, ser que soy realmente.
Y me iluminaré a mi mismo, desde mi propia luz, siempre,
porque soy la Luz que brilla en todas partes.
Mi luz soy yo mismo, y en mi mismo lo albergo todo, todo lo que amo.
Y en mi luz, que es espacio infinito, lo amo todo, hay sitio para todo.

Así que si eres sensato, quien quiera que seas, si lees estas palabras,
deshazte rápidamente de ellas, y recuerda que las palabras
son solo la basura que dejan detrás suyo los sabios.
Las palabras ni siquiera son huellas, son piedras en el camino,
que hemos de aprender a saltar con suma delicadeza,
mientras buscamos los huecos vacios
donde poder apoyar los pies descalzos sin herirnos.

Así que vuélvete hacia ti mismo, haz caso de mi experiencia.
Te digo esto como un padre, aun sabiendo que harás siempre lo que quieras.
Asi ha de ser, es ley de vida que esto suceda.
Así que aquí te espero, en cada instante, como el padre al hijo pródigo.

Yo que he sido el hijo pródigo tanto y tanto tiempo...
Comprendo que el viaje y la búsqueda sean necesarios...
pero cuando te canses de ellos, hijo mío, vuelve al silencio,
y allí podremos encontrarnos de nuevo.

En el silencio mi verdad y tu verdad se encontrarán siempre, para no separarse.
De Hombre a Hombre.
De Dios a Dios.
De Menju a Menju.



Reflejos en la arena.


Saludos a tod@s.
Para todos aquell@s que os paséis de vez en cuando por aquí, para ver que se cuece, notificaros que ya existe otro blog donde podréis encontrarme, no a mi, sino a Eso que va ganando espacio dentro de mi.
Se llama reflejosenlarena.blogspot.com y es, o quiere ser, la no-propiedad del maestro interno.
No pretende ser otro blog personal, otra extensión de la interminable historia del ego, sino un espacio impersonal, donde las palabras , en todo caso, apunten al vacio, devuelvan al silencio.
Al menos esa es mi intención, lo que salga de ahí es imprevisible.
Mi mejores deseos para este nuevo año que comienza solo en nuestro pensamiento.
Hari Om Tat Sat.