El Tao y el Vacío Creador

"Hay algo sin foma y perfecto
que existía antes de que el universo naciera
Es sereno. Vacío.
Solitario. Inmutable.
Infinito. Eternamente presente.
Es la madre del Universo.
A falta de un nombre mejor...
lo llamo Tao.

Fluye a través de todo,
dentro y fuera de todo,
y al origen de todo retorna.

El Tao es grande
El universo es grande.
La tierra es grande,
El hombre es grande.

El hombre sigue a la tierra.
La tierra sigue al universo.
El universo sigue al Tao.
El Tao se sigue a sí mismo."

Tao-Te-King, cap 25.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Chitta y el soñador soñado.


A veces me gusta jugar con Devi a juegos extraños, espontáneos y absurdos.
Como no nos gusta salir de copas, ni ningún entretenimiento socialmente consensuado, o tratamiento social anti-neurótico de fin de semana de turno, y puesto que no tenemos complejos en vivir nuestra vida casera como dos afables, o a veces cascarrabias, ancianitos, ideamos juegos tontos, que ante los ojos de los demás pueden parecer estúpidos, pero ante nuestros ojos son la mas suculenta de las delicias.
-"Parecemos una pareja de ancianos que no tiene nada mas que hacer que cantar al karaoke, calentarse los huesos y mirar el sol”... la digo sentado en un banco en el parque.
-"¿ Y qué?. Pero si eso es mejor, lo único que merece la pena en la vida".
Sin duda, hace poco lei un artículo de Byron Katie, en el que decía que lo único que hacíamos realmente en la vida era estar de pie, estar sentados o en posición horizontal: y que lo demás era solo historia personal (he de releer ese artículo), medallas que se intenta colgar el ego en su pecho orgulloso y henchido. No puedo estar mas de acuerdo.
El último juego que le propuse consistió en mandarle tres textos escritos por mi, entre otros textos de algunos reputados maestros de advaita, a ver si adivinaba cuales eran los mios.
Yo le dije que no los diferenciaría.
Ella me dijo que los diferenciaría con los ojos cerrados.
Gané yo, aunque no estaba del todo seguro, para mi era una manera de confiar en la voz que siento tronar cada vez mas fuerte dentro de mi mismo, y en comprobar si esta voz pasaba a traves de mi mente, sin llevarse ninguna identificación personal, o las mínimas posibles, y siendo asi, solo como herramienta para lograr una mayor desidentificación... Esto, dicho asi, parece absurdo.
En fin, que a lo que iba, gane yo, y mi premio, mi regalo de navidad, el único que quiero y que voy a tener estas navidades fue saber que el feto de mi propio ser ha roto aguas en mi interior.
Por eso, y por alguna otra razón que no viene a cuento decir aquí, paso esta víspera, la víspera de Noche Buena, no con mi familia, ni con mi pareja, ni con mis amigos, sino a solas con Chitta.
¿Pero quien es Chitta?
¿Una chica, una amiga de la infancia, una mascota, un perro, una mona, un peluche?
Mi hija Zoe me dijo que Chitta era nombre de chica la primera vez que se lo mencioné.
No. Chitta no es una amante fortuita para acompañar mis soledades, que están lejos de ser, son cualquier cosa menos fortuitas. Ya no soy de esos: lo fui, pero ya no.
Tampoco es la mona de tarzán, aunque tiene una forma parecida de andar y de reirse.
Chitta es el nombre que le he puesto a mi propia sabiduría , a mi ser superior, como dirían los newagianos de turno.
Chitta es la risa que lo llena todo después de la última desesperación, y el amanecer de la alegría sin causa ni objeto, cuando el yo lo daba todo por perdido.
Chitta es la risa por la que la gente se escandaliza de mi, y me mira como a un loco, en mis largos paseos solitarios, y en mis largas rondas nocturnas.
Chitta es la loca sabiduría, que esta mas allá de la esperanza y de la desesperanza.
Chitta es mi ser, mi verdadero yo, aquel que sabe que no es este cuerpo, ni esta mente, ni siquiera todo lo que existe, sino el sustrato que está antes y después de todo lo que existe, y en todo lo que existe.
Chitta es la bodhichitta, la mente iluminada, impersonal y siempre disponible.
He intentado contenerla, mantenerla aparatada, ajena a mi vida, pero ya no es posible. He descubierto que no puedo vivir sin Chitta porque Chitta es mi propia vida, Chitta es mas Yo que yo mismo.
Creí que me iba a costar más decirlo, a suponer un esfuerzo y un sacrificio, pero por el cariz que están tomando mis palabras veo que no.
Creia que podía exiliar a Chitta de este blog, y contruirle uno a su medida, cosa que he hecho, por cierto, donde pudiera expresar sus delirios místicos tranquilamente , para que yo pudiera seguir creyéndome libre, haciendo como que soy libre, y seguir creando libremente mis tragedias y mis dramas personales, sin fin, por los siglos de los siglos.
Pero la libertad sin Él no es posible, porque Chitta, y no yo, es lo infinito sin medida.
Chitta Soy Yo, es mi ser revelado a Si Mismo, Aquello que he estado buscando y huyendo a la vez tantos años, años que ahora, curiosamente, parece que no existen.
Es como si toda esa historia personal que tanto me importaba, no fuese mas que un camino de arena y unas huellas en el desierto que dejo tras de mí, y que se lleva el viento.
Y de todo eso que tanto nos pesaba, de esas huellas cargadas del peso de la auto-importancia, no queda casi, digo casi porque si no no estaría aquí, contando estas monsergas, ni rastro.
Me es difícil volver a la anécdota como medio para la narración, hacer uso del ingenio para contar cosas que en realidad no existen, cosas que solo percibe como reales el soñador que aun no ha despertado al hecho de que es también parte del sueño.
Se que soy un sueño, César Bacale, alias Chitta, es solo un sueño.
Y que todas las cosas que hago en ese sueño llamado César y sus cien mil historias, son puramente oníricas, esté despierto o dormido, mientras me crea ser un cuerpo y una mente con una historia, es que estoy dormido, es que no he visto que yo mismo soy un sueño.
Ahora siento que he de apartarme de ese sueño, y mirar solo a Chitta.
Con el tiempo es posible que vuelva al mundo de los sueños, y cree mis propios sueños lúcidos, sabiendo que no soy ni el sueño, ni el soñador soñado, sino el ser que ha despertado a si mismo, y que sabe que fuera de Él todo es un sueño.
Pero ahora no es el momento.
Ahora es el momento de estar en intimidad y comunión conmigo mismo, con Chitta.
Pasar la navidad conmigo mismo, por mucho que nadie lo comprenda.
Es increible que haya gente que te reclame estar dentro de los límites de sus propias creencias al respecto de quien eres o deberías ser, es increible que cuando uno despierta y no quiere volver a soñar, haya gente que eche de menos tu existencia piscológica y onírica.
Es increible que te echen de menos, o que tengan algo que decirte, cuando en realidad nunca te han conocido, porque nunca has podido darte a conocer, porque no te conocías a ti mismo. La ilusión se alimenta de ilusiones, pero la realidad no acepta otro alimento que si misma.
Pero me la sudan, me la suda el mundo entero y su sueño colectivo.
Me la suda el espíritu navideño, y el consumismo de turno.
Me la suda volver a casa por navidad.

Me la duda que la gente se encandile con los villancicos y los dulces, para volver a hacer el cabrón, el insensible, y el hijoputa el 8 de enero.
Mi ser es mi única casa, mi única y verdadera familia, mi único y mejor amigo.
Mi ser es mi compañero antes que cualquier compañera.
Estoy donde quiero estar, con Quien quiero estar.
Estoy en el punto, justo en el punto donde se crean y se destruyen los mundos y los sueños que creamos nosotros mismos.
Las luces, los farolillos, los nenes, los dulces, los regalos, los compromisos, las compras, las cenas, lo dejo para otra navidad.
Esta la paso a solas conmigo, no es la primera, ni la última, pero es la primera en la que lo hago 100% a gusto.
Esta noche yo seré mi propio portal de belén, mi padre, mi madre, san josé, la virgen, los reyes, los ángeles, y el Niño Dios.
Esta noche Yo soy mi Único y Propio Avatar (por cierto que ayer vi la película del mismo título y me emocionó, me emociono tanto como me puso triste que la gente no se entere del coño a la media de lo que esta pasando no en Pandora, sino en este mundo, a este mundo, en este momento).

Pero pelillos a la mar, la ignorancia es ingnorancia por definición, y desde que el mundo es mundo.
Esta noche celebro mi nacimiento a lo que Soy, que es siempre Aquí y Ahora, y que esta mas allá del tiempo y del espacio, mas allá del pasado y del futuro.
Esta noche Yo soy Todo lo que Existe.
Y espero serlo mañana, y pasado mañana, y pasado pasado mañana.
Esta noche no hay mas navidad, ni mas fiesta, ni mas mundo que lo que Yo Soy.
Esta noche, como en cada instante, nace dentro de mí el niño Dios.
Esta noche Yo Soy el Hijo de Dios, y Dios-Padre-Madre, y el Espíritu Santo.
Esta noche soy la tierra, la galaxia, el cosmos, y el vacio creador.
Esa noche soy la libertad de Ser mas allá del tiempo y del karma.
Esta noche Yo Soy el Tao.
Esta noche no tengo nombre ni apellidos, ni raíces, ni familia, ni pasado ni origen.
Esta noche yo soy el que soy.
Yo Soy la Vida.
Aunque se echen contra mi todas las leyes de las constelaciones familiares, y tiemblen y me maldigan todos mis ancestros desde sus tumbas.

Yo Soy el que Soy.

Y nada ni nadie podrá quitar ni añadir nada a que soy, seré y siempre he sido.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Nodos y No-dos.


Nodos y No-dos.
Pienso, luego no existo, que debería cambiar el nombre de este blog.
No es que me haya dejado de gustar el nombre de vacío creador, sino que algo en mi ha dado un paso mas allá, o mas acá, de este concepto.Quizás porque el entendimiento de este vacío era más conceptual que experimental, más relativo que absoluto.
Quizás porque ese mismo algo indefinible, que siempre ha estado allí, inmutable, contemplándolo todo, ni lleno ni vacío, sea lo que se está mostrando ante Si Mismo.
La Conciencia se muestra a la Conciencia para reconocerse a Si Misma.
Sea por la razón que fuere, seis meses de silencio, sin vida pública o social, han bastado para abrir una brecha irreparable entre quien era ese escritor y terapeuta free-lance, que se las daba de listo, que creía poder abarcar el mundo y al ser con sus manos, y este Ser, que no es que se me escape de las manos, sino que me tiene entre las Suyas.
Una brecha irreparable, de no ser porque a fin de cuentas, todo es lo mismo, y al Ser se la trae muy floja, se está nas tintas, como dirían en Portugal, que el ego se crea dios o el diablo. De hecho, el diablo es por antonomasia el ego que se cree dios mismo, antes de haberse dado cuenta de quien Es en realidad. El ego Es, sin lugar a dudas, pero solo cuando el molde con el que se identifica estalla en mil pedazos.
Es decir, cuando la Identidad que Somos deja de limitarse a una imagen, a un pálido pensamiento de si misma, y, abandonando todas las identificaciones, se vuelve hacia Si Misma y se reconoce como lo que Es. Paradoja, tomen nota, por si acaso.
Pero me gusta hacerme entender, máxime cuando esto a veces, por lo singular y paradójico de la experiencia, simplemente no es posible.
Para esto usaré un juego de palabras para ilustrar como una historia personal como la “mia” puede transformarse en una historia impersonal, es decir, en eso que no tiene historia porque es el espacio y el vacío sobre el que se crean todas las historias del mundo. Mejor dicho, como la experiencia personal es, en el fondo, la experiencia pura e impersonal, que libre de identificaciones, se libera a si misma de cualquier intento de protagonismo.
Vamos allá. Espero no aburrirles más de lo suficiente.
El mundo de nodos, de los nodos, y del no-dos.
El diccionario da múltiples definiciones de nodos:
Espacio real o abstracto en el que confluyen parte de las conexiones de otros espacios reales o abstractos, que comparten sus mismas características, y que a su vez, también son nodos. Todos estos nodos se interrelacionan entre sí de una manera no jerárquica, y conforman lo que en términos sociológicos y matemáticos se llama red.
En física, el nodo es todo punto de una onda estacionaria cuya amplitud es cero en cualquier momento.
En mecánica ondulatoria, cada uno de los puntos que permanecen fijos en un cuerpo vibrante.
En una cuerda vibrante son siempre nodos los extremos.
m. astron: Cada uno de los dos puntos opuestos en que la órbita de un astro corta la elíptica.
Cada uno de los puntos de amplitud nula de una onda estacionaria.
En electrónica un nodo es un punto de conexión entre dos o más elementos de un circuito....
y bla, bla, bla..
¿Un lío, no?
Rescatemos, si es posible, la esencia de los nodos.
Parece que, a todas luces, los nodos son puntos de referencia estables en los que confluyen otros puntos en movimiento.
Si entendemos el espacio-tiempo a través del movimiento de un objeto en relación con otro, y si pudiéramos estudiar su movimiento al detalle, instante por instante (la porción mas pequeña de tiempo posible, en el espacio mas pequeño posible, es decir, el nulo), es fácil entender que en ese punto el objeto no solo no se mueve en absoluto, sino que no existe tal objeto. Es decir, no hay espacio ni tiempo.
Si, como dice la física, y como de hecho ha de ser asi a la fuerza, todos los puntos son nodos, entonces, los mismos objetos que se mueven son ilusorios, en un tiempo ilusorio, en un espacio ilusorio.
Así pues el mundo de los nodos, de esa infinita red de infinitos puntos inter-conectados entre sí, tal y como yo lo entiendo, es el mundo de la interdependencia, de la relatividad, de la relación que todo guarda con todo.
Pero también es el mundo de la separación, del pensamiento, y por ende, de la experiencia de ser alguien que crea su historia o sigue su guión en el mundo. Nodos es el mundo de maya, de la ilusión, del cambio, de las diez mil cosas, y de la transformación constante de todas las cosas en todas las cosas.
Nodos es, en definitiva, el mundo en el que creemos vivir o bien como seres separados del resto, o bien como seres que nos reconocemos inter-conectados con el resto.
Sea como fuere, de base, separados o inter-conectados, partimos de la misma ilusión de separación, aunque si bien es cierto, que de una u otra creencia y relación dependerá siempre la calidad de nuestra experiencia.
Hasta hace bien poco creía que mi última identidad era esa red de interdependencia, y, por ende, mi libertad estaba en esa infinita matriz de posibilidades que llamaba el vacío creador.
Sin embargo, la ilusión de crear, que se origina en la creencia que da lugar a la expresión de cualquier posibilidad, seguía siendo eso, una ilusión, que dependía siempre de mis creencias.
Al darme cuenta de esto, vi que la máxima libertad solo podía consistir en no albergar ninguna creencia, para que el vacío creador pudiera mantener intacto su infinito de posibilidades.
Durante estos últimos meses, al permitirme no albergar ninguna creencia (de la que yo sea consciente) al respecto de nada, he descubierto que detrás del vacío algo crea por si mismo todas las cosas, mas allá de las creencias o de las no creencias, es decir, que no depende en absoluto de ellas. Algo que no es creado y, a la vez, que se crea a si mismo, a través de la ilusión de la separación.
Descubrí que estos nodos son en realidad posibilidades, manifestadas o no, y que estas posibilidades son cada uno de los momentos o puntos de extensión y/o duración nula donde se encuentra la eternidad. Los nodos son esos momentos de trascendencia o muerte del yo, en los que la ilusión de la dualidad o separación se disuelve, y aparece la realidad.
Y como todos los puntos del espacio y momentos del tiempo son nodos, entonces en cualquier lugar y momento podemos atravesar el velo de la ilusión y reconocer la realidad de lo que somos mas allá del espacio y del tiempo.
Podemos decir que cada nodo es el agujero negro en el que momento a momento se precipita sin remedio nuestra vida.
Dejase caer por ese agujero al que momento al momento nos llama la vida, se llama gracia, aunque algunos lo denominen muerte.
Y muerte es, pero solo para esa construcción del pensamiento que llamamos a veces yo, a veces ego.
Lo único que importa saber es esto.
Cada nodo es un vórtice sin dimensión ni duración en el que podemos trascender tanto el espacio como el tiempo, cada nodo o punto-momento es una puerta atemporal y adimensional para acceder a la realidad de nuestra identidad infinita, intemporal, y eterna.
Todos los nodos, el infinito tejido que solo ilusoriamente forman los nodos para un ilusorio observador, son una puerta directa al No-dos, a la no dualidad, al Uno sin segundo.
Al Ser, a la Consciencia vuelta hacia la Consciencia
Hacia el Yo Soy.
Pero la mejor parte no es esta, sino que el No-dos crea por si mismo un infinito de nodos, para separarse de sí mismo y reconocerse de nuevo. Ese es el chiste, y ese es el porque jamas podría decirle a alguien que esta equivocado, o no esta en el camino correcto, puesto que no hay errores ni aciertos para el ser, ni correcto o incorrecto, puesto que no hay juicio en su auto-contemplación, todos los reflejos los reconoce como perfectos, pues en todos se contempla.
Solo el amor puede reconocer el amor,
Del mismo modo solo el ser puede reconocerse a si mismo.
Todo lo demás es una ilusión.
Por eso no puede haber dos, sino solo No-dos, aunque el No -dos se despliegue en la ilusión de una red de infinitos nodos.
Para mi esta claro como el agua, por eso no se si tiene sentido seguir con el propósito de este blog, cuya supuesta libertad no era mas que una cárcel, una cárcel cuyas medidas eran un poco mas grandes que las normales, hecha de creencias.
La cárcel de los dioses creadores, la cárcel del propio pensamiento. Aunque sea el pensamiento ilimitado de creer que todo es posible.
Todo es posible, porque este es un mundo de ilusión creado para que todas las posibilidades lo sean, pero la libertad no consiste en crear o no crear, en manifestar o no posibilidades, sino en discernir lo que es ilusión de lo que es Realidad, y en reconocer lo que Somos realmente mas allá de las infinitas posibilidades que existen en el puro pensamiento, en la mente divina, en la mente de Dios.
Hace bien poco que decía, en una charla-coloquio sobre las creencias, que todas las creencias eran limitantes, porque todas habían sido creadas para sostener una identidad que es ilusoria.
Por eso ya no tiene sentido el propósito de este blog.
No, si como vacío creador se entiende el poder de crear de la mente, de la creencias.
Sí, si como vacío creador se siente aquel espacio que da lugar a todas las posibililidades y creencias sin limitarse ni depender lo más mínimo de ellas.
No, si como vacío se entiende el poder del pensamiento, en vez del poder del no- pensamiento.
Sí, si como vacío no se vive en la ilusión de los nodos, sino en la realidad del No-dos.
Ya lo decidiré en otra hora.
En esta, y para quien ya le duela la cabeza, lo siento...por el trabalenguas.
Pero a falta de sueño, buenas son tortas.
Las que alguno me daría si sigo hablando de nodos y del no-dos un segundo más.
En fin, perdon por el insomnio, y disculpen las molestias.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Ser Nadie (o ser de nadie).


Ser nadie.
Ser de nadie.
Lo malo de escribir un diario es que se puede caer en el hábito de creer en las propias palabras que se dicen, y a la larga, de convertirse en su esclavo.
A no ser que uno tenga claro que lo que se dice nunca es cierto ni falso.
Como el pensamiento, las palabras pasan, vienen y se van por el infinito campo de la consciencia.
Las palabras no son buenas ni malas, los pensamientos tampoco, de hecho, a veces, cuando estamos saturados de pensamientos-palabras otros ciertos pensamientos-palabras pueden ayudarnos a volver al silencio.
Un ejemplo de un pensamiento-palabra que resume la crisis de identidad por la que he estado pasando es la siguiente cita de David Carse que encontré ayer noche vagabundeando por algunos blogs de amigos, amigos que aun no me conocen, que comulgan en la filosofía no dual o advaita:
El ego no es mas que la historia que él se cuenta constantemente de sí mismo”.
Este es el resumen de mis quince años de buscador y escritor, en busca de identidad. No habría encontrado uno mejor, ni siquiera hecho por mi mismo.
Quince años en los que las identificaciones con casi todas las cosas en las que he depositado mi atención ha sido constante, dejándome el sentido de ser alguien, el sentido de ser un yo, como un colador.
Pero tengo suerte, quiero decir, a pesar de las tormentas personales, tengo suerte de que mi vida haya sido hasta el día de hoy un a completa identificación con lo que pasa por el campo de la consciencia.
Tengo suerte de haber buscado al ser por casi todos los rincones de la existencia, y de no haber despreciado ni denigrado ni la más mínima experiencia, sensación, emoción, pensamiento o creencia.
Tengo mucha suerte, porque ahora tengo claro no solo que no se quien soy, cosa que tengo clara desde hace muchos años, sino lo que marca la diferencia con estos años y el ahora que estoy pasando: que ha dejado de importarme.
No se quien soy ni me importa.
Y no lo dice un pasota, un adolescente que se pasa la vida fumando porros y jugando a la play.
Yo también fume mis porros, pero filosofaba sobre la vida con los colegas en un banco, o me deleitaba sintiendo la energía erótica de lo femenino por todas partes.
Lo dice alguien que ha mantenido un atma-vichara (autoindagación) constante y agotador durante casi diez años.
Mal vichara por lo visto, porque nunca conseguía llegar a la fuente misma de la pregunta quien soy yo, si no era a través de mis maestros. Después, cuando me quedaba solo, no tardaba ni una milésima de segundo en identificarme con el primer aroma que venia a mis napias, y allí iba de nuevo la mariposa del ego, volando de flor en flor.
Me ha seducido demasiado la vida como para poder apartar mis ojos de ella durante quizás el tiempo suficiente para averiguar quien soy, pero también me ha seducido demasiado la muerte como para que la vida tenga tiempo de contestarme.
He averiguado que tanto la vida como la muerte conducen hacia el Yo, hacia la consciencia de Ser, lo queramos o no, y el único modo de evitarlo es jugar al escondite con ambas... cuando se nota que llega la muerte, la muerte del ego, se corre hacia la vida, y cuando la vida esta a punto de hacerte desaparecer como un yo separado, se corre hacia la muerte, para mantener ese ego a salvo.
Lo importante es proteger la historia personal, esa historia que el ego se cuenta constantemente de si mismo, para mantenerse con vida.
Pero la vida del ego es solo el pálido reflejo de la vida del ser, y su muerte también una ilusión, pues nada que emane de la consciencia puede morir, solo vivir y fluir para siempre.
El ego, que es solo una identificación momentánea, una fotografía, una instantánea de un rio que siempre fluye, ni muere ni deja de morir, simplemente cuando se reconoce como lo que es, nada mas que la historia que narciso se cuenta de si mismo, contemplándose a si mismo, en la orilla del río, se cae de bruces y se ahoga, convirtiéndose en lo que siempre ha sido: agua que pasa, agua que fluye.
Definitivamente tengo suerte, suerte de haber coleccionado tantas palabras y fotografías.
Tengo tantas versiones de mi mismo, tantas perspectivas de lo que fui o podría haber sido, de lo que podría ser, que ya no puedo tenerle apego a ninguna.
Cuando digo que tengo suerte es que hay gente que se pasa toda la vida mirando a una sola o unas pocas fotografías, contándose una y otra vez que eso que esta allí es su identidad, su razón de existir, de ser. Y efectivamente así es y así será mientras su atención, la atención y infinita energía disponible de la consciencia se preste a si misma, y diga que así es.
Tengo suerte, me quedan muy poquitas fotografías, muy pocas realmente, con las que pueda identificarme, y porque de aquí a nada, puede que en este mismo instante, la pura consciencia que soy, y que ha prestado su energía a todas mis identidades, se vuelva hacia si misma y se reconozca como lo que es. De hecho si este giro no estuviese sucediendo ahora y aquí, no podría decir que soy consciencia pura, sin etiquetas, sin límites.
Consciencia pura e ilimitada no quiere decir consciencia libre y limpia de pseudoidentidades, libre de pensamientos, emociones, sensaciones, etc... sino consciencia no identificada con lo que son emanaciones de si misma.
Como un cielo sobre el que pasan nubes siguen siendo cielo, el vacío nunca se colma de si mismo, por muchos objetos que se pongan en él.
A menudo dividimos la percepción total de la consciencia entre el espacio vacío y el espacio que ocupan los objetos, sin ver que dentro de ese espacio ocupado sigue habiendo espacio, porque los objetos son espacio, el espacio no se va a ninguna parte cuando se compra un mueble y se lleva a casa, el espacio que ocupa se convierte en objeto, pero sigue siendo espacio; del mismo modo, sin espacio para existir, ningún objeto podría existir nunca, de ninguna de las formas.
Si nos aplicamos el cuento, y volvemos nuestra atención hacia nosotros mismos, podemos experimentar que allí donde creemos que alguien existe solo hay una forma ocupando el espacio y la identidad de nadie.
Nuestro cuerpo es 99% espacio vacío, y el !% de ese lleno es solo una ilusión ocupando momentáneo el !% del espacio prestado. Lo mismo pasa con las sensaciones, las emociones, y la mente, si conseguimos dejar que todas esas cosas simplemente sucedan, sin aferrarnos a ellas, sin interpretarlas ni querer poseerlas, si dejamos que todas las cosas sean lo que son, y les permitimos mostrarse en su verdadera esencia, que es espacio, es decir, si no nos tomamos ninguna manifestación de la consciencia personalmente identificándonos con ella, ese minúsculo aspecto de la consciencia que llamamos el cuerpo-mente se descubre en su verdadera naturaleza.
Si conseguimos poner la distancia momentánea de nuestra identificación con el cuerpo-mente cotidiano, nos daremos cabal cuenta de que nuestra identidad física y psicológica es solo un fenómeno mas que tiene lugar en el campo de la consciencia.
Un fenómeno que como todos los fenómenos es impermanente y mutable, ilusorio. En el mismo lugar que un coche que pasa o una abeja que zumba en el oído y se marcha, las sensaciones, las emociones, y los pensamientos con los que nos identificamos también pasan.
Si logramos poner distancia de ese yo que se cree el pensador, el hacedor y el que siente las cosas, y descubrimos que no hay nadie pensando, haciendo ni sintiendo nada, conectaremos de golpe y porrazo con quienes somos realmente. Lo que pasa es que lo que somos es a al vez demasiado pequeño y demasiado grande como para abandonarnos tranquilamente a la certeza de no ser nadie. No ser nadie, para serlo todo, y ser libres, verdaderamente libres, porque la libertad no es nada personal que se gane o se conquiste, sino un estado natural, impersonal e incondicionado que es privilegio único de la consciencia, del todo, o de la nada.
¿Pero quien, en estos tiempos, esta dispuesto a pagar el precio, dejar los dulces y las golosinas del ego, y no ser nadie?
Muy pocos.
Y dentro de los pocos, habrá aun menos que lo sean realmente.
Como dice Nisargadatta:
" Sé nada, conoce nada, ten nada. Esta es la única vida digna de ser vivida, la única felicidad digna de ser tenida".
¿Alguien mas quiere ser feliz, quiere ser nadie?

lunes, 14 de diciembre de 2009

Yeti.


Hoy he empezado la hercúlea tarea de limpiar y asear a yeti.
Me encontré a yeti ayer, cuando volvía de cobrarme el servicio de la vigilia nocturna de un mercado navideño, después de un desafortunado cambio de impresiones con el chico que me había “contratado” para vigilar la feria.
Cosas de egos, de límites, de respetos, y también de importancia personal, pero necesarias en el juego de la existencia.
Lamenté mucho el malentendido, si es que fue eso, pero era necesario poner los puntos sobre las ies. Otra cosa es que uno lo lleve todo por dentro, y otra... no importa, es cosa de egos.
Yeti estaba tirado, enorme, con la cabeza colgando, y sus brazotes enormes abrazando un árbol. Parecía una especie de esos módulos de pelo-no me acuerdo como se llaman- para sentarse, estaba sucio y casi pasé de largo, pero me llamó la atención algo, una especie de:
“ Hey, por que haces como si no me hubieras visto?”.
Me volví, lo moví y he aquí que me encuentro con un enorme peluche blanco, no se si un perro o un oso, o una mezcla de ambos, con la cara mas triste que recuerdo haber visto en mi vida.
No tardé ni un segundo en reconocer, o proyectar, a mi niño interior, me acordé de que devi tiene a su vaquita, y yo no tenía ningún peluche o catalizador de mi niño interior, así que superando mi vergüenza, lo cogí, tan enorme es que me tapaba todo el cuerpo, y me lo lleve a casa.
Fue en casa donde le bauticé como yeti, por lo del abominable -abominable por el aspecto que tenía, entre otras cosas- hombre de las nieves, y fue en casa donde pude ver, gracias al mismo mecanismo del ejercicio de proyección sobre un cojín, que nunca me ha funcionado, hasta que punto me sentía tan abandonado, despreciado, y descuidado como yeti.
Hasta que punto había abandonado, despreciado, y descuidado a mi niño interno.
Me lo pasé mirando un buen rato, mas que un buen rato, hasta que tome la decisión de que yeti y yo íbamos a comenzar un programa intensivo de recuperación de la autoestima, del respeto y del amor mas básicos.
Al ser yeti tan grande, supe que si decidía quedármelo (otra opción era regalárselo a mi hija en navidades), no tendría más remedio que mirar al niño todos los días cada mañana al despertarme, y cada noche al acostarme, pero en realidad sabía que no había tal decisión, mi niño herido ya había decidido quedárselo.
Mirando a yeti me acordé de oso, u osito, mi peluche rojo y blanco, inseparable compañero de noches, confesiones y sueños hasta, no me avergüenza decirlo, mas o menos, los doce años.
Me acordé de lo ligado que estaba a él, puedo decir que casi más que a mis padres, puesto que ese osito era yo, o una proyección de una parte de mi mismo, por supuesto...
Ese osito me acompañó durante noches en vela, pesadillas, y miedos que no he compartido con nadie, y también días maravillosos, viajes reales o imaginarios, y oraciones llenas de inocencia.
Me costó infinitamente despedirme de osito, el día que decidí que ya era suficientemente mayor para llevar un oso a las competiciones de natación. Me costó tanto, que por si acaso estuvo en la estantería de mi cuarto hasta mas o menos la época en la que se separaron mis padres, que es la misma época donde no tuve más cojones que “hacerme mayor”.
Desde entonces me olvidé completamente de osito, y con él, de mi niño interior, hasta mas o menos hace un par de años, gracias a una mujer -no voy a dar nombres- con la que compartí, pues eso era todo lo que pudimos hacer, la aventura de re-descubrir el niño interior, su infinita belleza, y también, sus más temibles furias.
Revelación, a la par que exorcismo, que ha continuado por si misma hasta el día de hoy, a través de fuerzas tan inconscientes como inevitables, tan misteriosas como desconocidas.
Pero aquí está yeti, y con él, recupero de algún modo a osito. De hecho, creo que yeti es la evolución natural de osito, al que tiré a la basura, en vez de guardarlo como oro en paño, igual que yo soy la evolución natural de mi niño rebelde y herido. Y aquí nos hemos reencontrado ambos, dieciocho años después, de una forma extraña, súbita y repentina, pero también esperanzadora y llena de ilusión.
El espectáculo que daba la visión de yeti, con la cabeza caída, y los brazos colgando como un espantajo en medio del salón, no era más que un espejo de la percepción que he tenido de mi mismo estos últimos años, sobre todo estos últimos meses, donde he pasado y estoy pasando, ahora puedo decirlo sin tapujos, la peor crisis de identidad de toda mi vida.
Aunque eso es redundancia decirlo, porque hasta que descubrimos, o recordamos, quienes somos realmente, puede decirse, sin riesgo a equivocarse, que toda nuestra vida es una crisis y una búsqueda de identidad permanente.
Pero lo cortés no quita lo valiente, y estar en crisis no significa morirse. Cada uno sobrevive como puede, y algún carácter esquizoide-oral como yo, para sobrevivir, solo sabe olvidar sus necesidades, o delegarlas en la madre de turno.
Así es como me he pasado prácticamente veinte de los casi 35 años que tengo.
Aislado, en el olvido de mis necesidades mas básicas, y sobreviviendo de retazos y modelos tomados de aquí y allá, en un pupurri de pseudo-identidades tan inútil como inservible.
Así que hoy, sin mas dilación, aun con la resaca del sabor a suicidio existencial en la boca y en el alma, y no hablo aquí metafóricamente, he metido a yeti en el baño, le he sacado brillo, y como quien dice, le he quitado las pulgas.
Solo espero que con este frío invernal no se me reesfríe...
Imaginen intentar secar, a golpe de secador de mano, a una alfombra-esponja de pelo hecha oso del tamaño de un sofá.
Peinarlo, desempolvarlo, mantenerlo limpio. Cuidarlo, en definitiva.
No es tarea de un día, sino de toda una vida. Al fin y al cabo, el niño interno es nuestro primer hijo, el primogénito, antes que cualquier otro, y cuidar de él es una responsabilidad que nos hace verdaderamente adultos, a la vez que libres.
Otro día intentaré explicar en que creo que consiste esta libertad.
Ahora estoy cansado de tanto frotar y frotar, secar y secar.
O si no que se lo digan a yeti, que se va a pasar la noche pegado al radiador, después de sufrir probablemente el primer baño de su vida.
O a mi hija, que le entran los siete terrores y los siete espíritus del apocalipsis, cuando le digo que toca baño...
-Pero sin el pelo, papa...pero sin el pelo!!!...
-Si, mi amor, sin el pelo...(mentira , claro).

Ser Hombre (14-11-2009).


Hace tiempos ya que paso por mi propia crisis de masculinidad.
Y hace tiempos ya que veo que es la misma jodida crisis que vive el hombre en todas partes.
¿Que significa ser Hombre?
Nada de lo que se dice por los foros de masculinidades me hace sentirme mejor, mas pleno, mas “hombre”.
Y cuanto mas leo o escucho sobre lo que significa ser hombre menos claro lo tengo, mas confuso estoy.
¿Que significa ser un hombre para mi, más allá de las teorías, de las creencias machistas y patriarcales, de las creencias del feminismo, y de todas las teorías de las nuevas masculinidades?
¿Que significa ser un hombre para mi, en lo personal, en lo mas íntimo?
Ser Hombre. Ambas palabras han sido tesoros que he estado buscando fuera de mí, siempre en comparación, o en oposición con algo.
Ser... como si ese fuese un estado a realizar. Un vacio del que huir.
Hombre... como si fuese también algo no que soy, por el mismo hecho de haber nacido así (con colita y pelo, o de ser como soy, ambiguo, muy femenino, y a la vez muy masculino, con mucha testosterona que no ha sido capaz de endureceme los rasgos, solo la mirada y el carácter), sino en lo que tengo que convertirme. Ser Hombre como un estado de plenitud que excluyo de mi mismo, de lo que ahora, en este preciso momento, Soy.
¿Pero acaso no Soy ahora?
¿Acaso no Soy?
¿Deja de ser, deja tan solo una célula de mi mismo de vibrar y de ser, sólo porque una parte de mi (la mente y sus configuraciones) ponga el estado de ser, o el estado de no ser hombre, fuera de mi, y no solo fuera de mi, sino en un lugar y tiempo diferentes en el que estoy ahora, como algo a realizar?
Veo aquí el cebo de la mente. Es la mente la que excluye al ser de su propio don, que es la eterna presencia, al crear el tiempo y el espacio a través del pensamiento. La mente crea tiempo y espacio porque sin él no podría existir ni evolucionar. Sin tiempo no podríamos creer que existe algo que ha de convertirse o que puede convertirse en otra cosa.
Cuando digo que busco el ser, que busco ser un hombre, ¿quien lo dice?.
Solo puede decirlo la mente.
Y la mente es un inmenso receptáculo de memorias y creencias que se mueven y cambian incesantemente...
Este ser y este hombre es un idea, sostenido por muchos pensamientos simultáneos, concomitantes, antagónicos, y complementarios.
La evolución es un pensamiento. La idea, la ilusión, la creencia de que algo o alguien evoluciona, o involuciona, es un pensamiento.
Cuando digo que quiero ser un Hombre pongo la idea de hombre en un punto imaginario del tiempo y del espacio distinto al que estoy ahora.
El mismo punto en el que estoy ahora como idea de no ser un hombre también es imaginario, porque se está comparando con un idea de realización futura.
No ser un hombre es la idea que tengo de mi mismo.
Ser un hombre es la idea de lo que quisiera ser.
Sea cual sea, esta idea es falsa, tanto la idea que tengo de mi mismo, como la idea de lo que quiero ser. Lo único que es real no es lo que yo soy, sino que Yo Soy.
¿Y que soy mas allá de la idea de lo que soy y de la idea de lo que quiero ser.?
¿Soy de hecho un hombre?
¿Y que define a un hombre?
¿Que es lo que me hace un hombre: la biología, la cultura, las creencias, el falo sagrado (siempre erecto, por favor), la esencia de lo masculino, los rituales de iniciación y de paso (que ya no existen), el funcionalismo, la negación de lo femenino, la identificación con otras “ideas” de ser hombre, o nada de lo anterior?
¿Que es lo que me hace ser hombre?
Ya lo se, esta la pregunta del millón, la pregunta de este siglo.
Y tengo mi propia respuesta.
Nada de esto me hace ser hombre, porque el Ser es una identidad anterior y posterior al hombre, que es una suma de creencias y de caracteres biológicos y genéticos adquiridos, que por cierto, también se hayan en transformación.
Primero y ante todo Yo Soy, y solo después, a través de la mente, me identifico con la idea de ser hombre.
Lo que me hace ser hombre es la mente humana, porque ser hombre, independientemente de las teorías, es un idea, y como todas las ideaciones de la mente humana, está en contínua transformación.
¿Y la biología?
¿El falo, en contraposición a la vagina?
¿Son meros componentes reproductivos para la supervivencia de la especie (una de las claves del funcionalismo), o son la materialización de la sagrada danza tántrica del eterno masculino materializado en el lingam y el eterno femenino materializado en el yoni ?.
¿El falo, la vagina, el eterno masculino y el eterno femenino, la naturaleza, los planetas, las estrellas y el sol, la creación y la dualidad inherente a ella también son manifestaciones de la mente. De una mente superior a la mente humana colectiva.
La mente de Dios (la mente cósmica si se prefiere). Todos, como seres humanos en evolución, somos creados y dirigidos por esta mente.
Pero ni siquiera la mente de Dios me define, me acota, me limita. Solo me da un nombre: ser humano. La mente colectiva humana tampoco puede definirme: me llama hombre o varón, homosexual, o afeminado, en función de infinitos condicionantes biológicos, culturales, sociales, educativos, económicos, e incluso políticos.
Esta es una historia de separación, un exilio premeditado y un peregrinaje planeado de Dios hacia Dios, del Ser hacia el Ser.
Dios o el Ser es Uno, Inseparable, Inmutable, y es a través de la mente que crea el holograma de la creación, a través del pensamiento del espacio y del tiempo, ya que no puede haber tiempo sin espacio.
Lo que llamamos evolución de la mente humana, desde la prehistoria, y mucho antes que ella, hasta los tiempos actuales, es parte de ese peregrinaje del Ser hacia el Ser. Ser hombre es solo una idea mas de ese peregrinaje, una idea siempre en evolución, que evoluciona junto con el ser humano, que es otra idea, que evoluciona con otras muchas ideas en toda la creación, a través de la experiencia, que no son mas que las creencias y las ideas materializadas, “congeladas” en ese imaginarium llamado espacio-tiempo.
Así la experiencia del materialismo, con todas sus desigualdades, y la idea de sobre-valoración de la materia van de la mano. Y nada se puede hacer por una si no se cambia la creencia, la idea que es la base. La experiencia del machismo, o del patriarcado, va unida a la creencia o superioridad del hombre sobre la mujer. Nada se puede hacer por una sin cambiar el otro. La experiencia de igualdad sigue a la creencia en la igualdad, y así un largo etc..
Sea la forma que sea, ser hombre es una suma de creencias, una suma de creencias en evolución, interacción y transformación constante. Una suma de creencias que no solo traen cambios culturales, sino también, genéticos, biológicos y estructurales. Aunque estos lleven mas tiempo (¿no es obvio que ya casi no necesitamos los dedos de los pies, ni colmillos desgarradores, ni tener todo el cuerpo cubierto de pelos, aunque a algunos todavía nos gusten?). No se puede volver a las cavernas, no se puede ir por ahí matando animales, rememorando antiguas iniciaciones tribales. Es preciso asumir e integrar los cambios de la mente humana, si queremos volver de nuevo a casa (la integridad biológica y la integración de la polaridad ).
Todos esos cambios apuntan hacia integración de todas las creencias que tratan de definir, y de expresar lo que hoy significa ser un hombre (por eso se habla de masculinidades, así como el feminismo hace tiempo que habla de feminidades).
La integración de la dualidad, de la idea del principio masculino y del femenino, es el objetivo final de la creación, una creación que es una proyección holográfica de la mente universal.
Por eso todos los cambios que presenciamos en todos los niveles de la mente humana conducen a la unidad, a la integración de todas las diferencias creadas por la mente, cuyo único propósito es crear.
Pero el propósito del dueño de la mente, del ser que la contiene, es experimentarse y reconocerse en todo lo creado, por eso solo través del reconocimiento, del reconocimiento de que todos somos eso, el Creador, puede darse la integración de todas las realidades que la mente ha creado. Solo en el reconocimiento que se da cuando el Ser se vuelve hacia si mismo, el YO, despreocupándose de todas las creencias, cosas o realidades que puede crear y con las que puede identificarse, podemos volver a la unidad y reconocernos en todo los creado, en todas las creencias, en todas las realidades.

martes, 28 de julio de 2009

El mito del terapeuta.


Existen básicamente dos tipos de terapeutas.
Los que han hecho una largo proceso de aprendizaje, y tras muchos años de discipulado se sienten en condiciones de ayudar, sanar, guiar o enseñar a los demás, y los que van aprendiendo en el camino, siendo discípulos y maestros al mismo tiempo, ayudando y siendo ayudados, guiando y siendo guiados, sanando y siendo sanados, aprendiendo y enseñando al mismo tiempo. Yo, sin lugar a dudas pertenezco al segundo tipo, y hasta de esto me estoy cansando, la verdad.
Me metí en este mundo tan lleno de mitos (el mito del ayudador, del salvador, del sanador profesional) para empezar a sanarme a mí mismo, y después de cinco años sigo pensando y sintiendo igual.
Muchos dirán, y no les faltará razón, que uno debe estar mínimamente preparado para ayudar a los demás, y que esto es imposible si antes no se ha ayudado a sí mismo. Lo mismo puede decirse del hecho de tener hijos, realizar ciertas labores con bastante grado de responsabilidad, vivir en pareja, o sencillamente el arte de amar. Quien no conoce el tópico de que es imposible amar sin amarse a uno mismo?. En parte es verdad, y en parte no lo es, depende del sentido, y desde luego la respuesta no se haya en los radicalismos, en el yo antes que nadie, o en el caballeresco seductor, pero falso, tú siempre primero.
Durante años he defendido a capa y espada esta bandera, hoy, después de muchas relaciones, de muchos y distintos encuentros, he ganado la suficiente, que no es mucha, humildad para haber cambiado mi creencia. El amor es un espejo, una relación dinámica, y a veces uno aprende a amarse amando a otro, lo mismo que uno aprende a ser padre teniendo un hijo, por mucho que uno haga antes mil talleres y cursillos para prepararse para ello, por mucho trabajo, dinero y seguridad que haya conseguido, nunca, y digo nunca, se está preparado para nada. Uno se prepara mientras tanto. Uno aprende un oficio haciéndolo. Esto es lo que significa vivir en el presente. Existe un término para esto, inglés para variar, o mas bien americano, que son la gente mas prosaica del planeta, que reza Learning on do it, cuya traducción seria mas o menos aprender haciendo.
Ayer me volví a encontrar de nuevo con el mito del terapeuta, con la proyección, básicamente responsabilidad nuestra, de que el terapeuta no tiene problemas. Dado que mi currículum de terapeuta ha ido y va de la mano con mi propio proceso de sanación, solo puedo reírme de esta creencia. El convertirme o querer convertirme en terapeuta corporal tiene mucho más que ver con volver a mi propio cuerpo, a través del espejo que me ofrecen a los demás, que con la absurda pretensión de ayudar a los demás desde en un espacio que no sea mi propia consciencia de mis problemas y carencias. Problemas y carencias que comparto con el grueso de la humanidad, y que se manifiestan en patrones mentales, vaivenes emocionales y bloqueos y dolores físicos, como a todo el mundo. Siento la decepción de los milagreros, de los hacedores, y de los adeptos a los fuegos de artificio, viajes y voladuras de toda índole, pero soy así de vulgar, mas de lo que yo mismo a veces quisiera aceptar.
Pero tengo que explicarme con mayor claridad. Así que utilizaré palabras mas directas. El terapeuta realiza un trabajo de limpieza de su propia basura emocional y mental no solo personalmente sino a través del otro, y lo hace a través de los espejos que le ofrecen los problemas -la basura-de los demás. Hay una confusión al respecto de esto, porque existe un ética profesional en la que se da por sentado que el terapeuta tiene que poner distancia para ayudar objetivamente a los demás. Esto no significa que internamente no pueda hacer su propia lectura, que no pueda reconocer en el espejo que se le ofrece sus propias carencias. Lo que pasa es que en vez de airearlo en público , un terapeuta coherente intentará llevar este aprendizaje a su intimidad, a su propio laboratorio en soledad, en familia o en pareja.
La intimidad del terapeuta, como la de todo el mundo, está llena de agujeros, de patrones, de carencias, y es responsabilidad suya unir la objetividad del abordaje profesional con la subjetividad de estar pasando y sintiendo también sus propios procesos, con sus cielos e infiernos. Sin estos, la ayuda del terapeuta quedaría relegada al discurso subido, vacío y hueco del gurú, del que nadie sabe ni sospecha la sombra o las sombras que lleva dentro, a no ser que las viva íntegramente o las haya integrado en su personalidad. Y de estos hay muy pocos, de hecho se pueden contar con los dedos.
Esto no quiere decir que el terapeuta tenga que desahogarse o compartir sus miserias con sus pacientes, esto no sería ético ni objetivo, sino que sería mas que deseable que se llevara el reflejo que recibe de cada sesión, de cada terapia, a su propia vida íntima, y arreglara los asuntos pendientes que tenga al respecto.
Existe un equilibrio entre lo que se recibe y lo que se da. Hay muchos patrones parásitos en este mundo, desde el nada para ti, todo para mi del tirano narcisista compulsivo al todo para ti, nada para mi, del victima complaciente y auto -compasivo que ha renunciado a su propia vida y sus propios deseos. Y entre ambos extremos, está el equilibrio que todos vamos buscando, porque en él, y no en la montaña rusa del subidón-bajón emocional está la paz, que se da por definición no en la soledad de las pajas y los orgasmos mentales, donde no hay mas auto-referencia que uno mismo, sino a través de nuestra relación e interacción con los demás y con el mundo. Esta, la paz que surge de una relación e intercambio abiertos es la verdadera paz: lo demás es fanatismo o absentismo vital. Se de lo que hablo, de verdad.
Las palabras que oí, tú no tienes problemas, me hicieron reflexionar mucho y en profundidad. No por que no los tenga, sino porque por alguna razón quizás de la impresión, o en mi discurso se de la falsa apariencia, de no tenerlos. Los tengo, y muchos. Y no solo problemas sino verdaderos infiernos, quien ha convivido conmigo por un tiempo, sobre todo ex-parejas , los conocen al dedillo.
Pienso, no, se con toda certeza que si aireara mis diarios, muchos se llevarían las manos a la cabeza. Otros me llamarían hipócrita sin pensarlo dos veces, y algunos moverían, como se hacía antiguamente, y aun se hace, la cabeza. Mucho habría que hablar de este gesto. Muchos juicios y creencias se esconden tras este inocente meneo de sesos.
Digo que muchos se llevarían las manos a la cabeza porque son muchos los personajes que hay en ellos, y el personaje del terapeuta tan sólo es uno entre una multitud de formas de consciencia. Pero la gentes, sobre todo las buenas gentes todavía necesitan etiquetas, y el nombre terapeuta o masajista cumple con su función social al respecto. Otra cosa es que en mi intimidad me prive de explorar mis muchas facetas y de reflejarme en otros espejos que ahora no vale la pena ni mencionar. Puede que un día los haga públicos, y me haga unos dineros, sobre todo ahora que está tan de moda los diario que venden emociones al peso, tipo diario de una ninfómana, o diario de un adicto al sexo. De momento su único propósito es reconocerme y conocerme en toda mi complejidad, en toda mi dualidad, multiplicidad, diversidad y totalidad, y también, por la misma razón, reconocerme en toda mi simpleza, que es lo esencial que tenemos dentro.
Lo esencial, tanto en la vida pública o profesional, como en la intimidad, se llama consciencia. Cualquiera , sea terapeuta, escritor, médico, cirujano, o doctor en ciencias del mar, no puede parapatearse en su profesión como si esta fuese una atalaya desde la que observar el océano de la vida sin saber lo que es bucear, y a veces, casi ahogarse en ella. Personalmente siento y creo que este tipo de profesionalismo de élite, del que yo mismo he pecado, no vale una mierda.
La verdad es que hay mucho médico, misionero, voluntario, sanador o maestro que está limpiando una deuda kármica, lo sepan o no lo sepan, porque intuyen, o saben a ciencia cierta, que en esta, o en otras vidas, han sido mas malos que el capitán garfio, y no es que actúen motivados por la culpa (que los hay, y son los peores) sino porque así se lo dicta su consciencia, y así encuentran su paz. Cada cual con su paz, mientras sea verdadera y no la pax romana, que no es sino guerra encubierta. Cada cual con su regla. Fin de la historia.
La paz del alma, que nace de la aceptacion total de la vulnerabilidad, de la carencia, del haber pasado por allí, del haber estado en el más profundo de los infiernos, no de los mil y un cursos que uno ha hecho, de los masters y posgrados en esto y lo de mas allá, ni en el complejo de titulitis que hay en el card profesional. Una cosa es sentir o descubrir que esta es tu vocación y prepararse, y otra prepararse y prepararse y prepararse para rellenar no se cuantas carencias y complejos que no los llenan ni todos los océanos del mundo.
Una cosa es segura, el arte de ayudar, de sanar, o de enseñar, nace de un solo lugar, y este es la vulnerabilidad, la rendición al niño herido que todos llevamos dentro, y de la responsabilidad que tomemos en nuestro propio proceso de sanación personal.
Lo cual no quiere decir otra cosa que aceptar el 100%, no el 20 o el 50, o el 80%, de responsabilidad de lo que nos sucede, sea lo que sea. Esta es la única forma de recuperar nuestro poder personal, y terminar tanto con la dualidad tirano-victima, perro de abajo-perro de arriba, como con las mil y unas dependencias, proyecciones, retroyecciones y confluencias que se dan en algunos interminables y agónicos procesos infantil-terapeúticos, relaciones de parejo-dependencia, constelaciones familiares, contratos profesionales, etc, etc, etc...
Claro que esto es un millón de veces mas fácil decirlo que hacerlo. Como siempre, la acción, y no la palabrería es lo que vale.
La aceptación de la vulnerabilidad y de las propias carencias es el primer paso para empezar el proceso de sanación que nos llevará un día a la integridad biológica y a la paz de espíritu. Eso que llamamos felicidad -no confundir con la sonrisa profiden, o con ha ganado usted un magnífico coche!-, y que sigue sonando a timo de la estampita.
Del mismo modo que no hay hombre sin niño.
No hay paz sin herida.
Ni herida sin guerra.
Todos estamos en esto, todos tenemos mierda hasta el cuello, todos podemos ir quitándola con pala o con cuchara, como se prefiera, pero aquí no se libra ni dios. Sobre todo dios, que es el que nos sufre y nos goza a todos (simplemente porque se experimenta a si mismo a través de todos).
A ver si se enteran los pacifistas, los católicos reticentes, los tododependientes, los salvadores, los oh happy day, y los alabare alabaré....

viernes, 3 de julio de 2009

La mujer del cuadro.


Hay, entre las pocas y escogidas láminas de Van Gogh que decoran las casa en donde vivo, en un rincón que da a una de las ventanas, un cuadro de una mujer sentada que me fascina desde hace tiempo. La mujer está sentada de espaldas, medio desnuda, sobre una sábana que le sirve ademas para cubrirse, con las medias o las botas puestas, apenas se le vislumbra una parte del muslo, los codos relajadamente apoyados en las rodillas, la espalda, blanquísima, como si emitiera luz propia, los hombros y la nuca sueltos, el cabello rojo descuidadamente recogido, la barbilla altiva, la mirada, que no se ve, pero se adivina, clavada en un punto invisible de la escena que completan una estufa de leña, una vieja tarima de madera, un balde metálico, y un camastro sobre la que se adivinan, mas que se perciben, un revoltijo de sábanas deshechas, que combinan a la perfección, cáotica y deliciosamente, con la sábana que cubre a la chica.
La escena, de alto contenido erótico, y a la vez, de una pureza e inocencia naturales e inusitadas en el arte, sugiere muchas cosas, una de ellas, por ejemplo, que la mujer y el autor han hecho el amor recientemente, y que además, o bien están en la casa de esta, o se conocen hace tiempo. La naturalidad que muestra la chica excede con mucho al esfuerzo por mostrarse natural que ejercitan las modelos, siendo que esta mujer parece cualquier cosa menos una modelo profesional. La espontaneidad de la pintura raya más con el poder de captar el instante de la fotografía, que con el minucioso y largo tiempo que llevaba hacer un dibujo de estos, a pesar de las virtudes del autor, o de la rapidez con la que pudiera hacer el boceto.
Muchas más cosas se pueden proyectar sobre la escena, como si la naturalidad de la que está dotada sirviera de limpio espejo donde el observador proyecta lo que sea que tenga en el corazón o en la cabeza.
Obras límpidas e inocentes como esta hay bien pocas, como también hay pocas personas cuya naturalidad pueda hacer de espejo proyectivo para cualquiera.
Una de estas personas es Devi, y como la chica del cuadro, comparte un don del que me di cuenta observándolo con detenimiento una noche, después de una discusión provocada por mi necesidad compulsiva de saber y controlarlo todo, en todo momento. El insight cayó fulminantemente sobre mí, como un rayo, y en un solo segundo descubrí, como si lo hubiese sabido toda mi vida, que lo que más me molestaba de Devi, y lo que tanto me fascinaba del cuadro era una misma cosa. Descubrí sencillamente que tanto Devi como la misteriosa mujer pelirroja del cuadro compartían un sencillo y maravilloso secreto: simplemente, eran libres de las cosas.
Intentaré explicarme un poco mejor, aunque no quiero contaminar esta revelación que ha sido para mi más luminosa en mi andadura espiritual que mis prácticas de meditación, o mil soles brillando sobre mi cabeza.
Cuando digo ser libre de las cosas no me refiero a pasar por encima de ellas, o a ignorarlas, sino a saber utilizar las cosas sin apegarse a ellas. Por alguna razón, la mujer del cuadro, a la que no se le ve la cara, me pareció, y me parece desde entonces, una mujer iluminada, totalmente en armonía con los ritmos de la vida y la creación. Ignoro cual pudiera ser su oficio, status-quo, rango, posición, si está casada, divorciada, separada, viuda, si es madre o prostituta. Podría ser cualquier cosa, porque lo que emana de la escena es una mujer en estado de presencia total, viviendo el momento presente, completamente relajada y entregada a la contemplación, después de haber hecho el amor, o no, antes de irse de casa, o no, de hacer la cena, de ir a por patatas, o de ir a buscar a su hijo que está jugando con otros niños pobres en el campo de trigo.
Lo que se ve, lo que yo veo, al menos, es que la mujer podría ser o hacer cualquier cosa, porque es libre de las cosas. No consigo explicarme mejor, la naturalidad que hay en su posición, la relajación, la espontaneidad con la que posa, hablan de alguien que vive el momento, con las cosas que haya en él, sin preocuparse de lo que viene a continuación, ni de lo que antes sucedió. Una mujer entregada al instante, que hace uso de las cosas sin quedar atrapada en las cosas. No se por qué, pero el espíritu de esta mujer me insinúa esta libertad, este saber estar que envidio por encima de cualquier otra cosa, porque puedo reconocer en este estado no sólo la suprema sabiduría, sino la verdadera y auténtica felicidad.
Hay que contemplar el cuadro durante un largo rato para dejarse impregnar por esta sensación de libertad y espontaneidad, sólo comparable a la de los niños. Puede que la mujer del cuadro no sepa que es libre, lo que importa es que lo es.
El gran misterio de esta pintura, la clave, es su posición de espaldas al ojo del autor-observador. No hace falta imaginarse su cara. Uno podría imaginarse , y tiende a proyectar un bello rostro, porque la belleza del rostro, que no es desvelado, no es estética sino esencial, una belleza que viene de dentro, de esa libertad y espontaneidad que todo su cuerpo y su posición emana de la cabeza a los pies.
La obra es una obra de arte porque sugiere lo que no se ve de una forma mucho más impactante y poderosa de lo que lo haría si se viera directamente. Probablemente el autor sea experto en estas escenas de espaldas, como si se mirase por el ojo de una cerradura, y uno pudiese captar la belleza y la naturalidad de una mujer sentada, como es en este caso, o cocinando, saliendo del baño, acicalándose, e incluso, tocándose.
Yo, como declarado voyeur de la belleza, sería, lo confieso sin asomo de culpa o remordimiento, sería uno de los que miraría por el ojo de la cerradura sin cansarme. De hecho miro cada día por el ojo de mi propia cerradura a cientos de personas, observando sus gestos y sus quehaceres cotidianos, sin jamás cansarme. Se aprende mucho cuando el voyeurismo no está contaminado por una mente repleta de fantasías, sino vacía y abierta como el espacio. Uno puede convertirse en un verdadero sabio.
Pero volvamos al meollo de la cuestión.
Se ve a mucha gente siendo, o buscando su ser a través de las cosas, pero no siendo libre de las cosas; la mayor parte de la gente, incluido yo, se enreda en las mismas cosas, bien porque busca su identidad en ellas, bien porque las utiliza inconscientemente, y acaba apegándose a ellas.
Cuando digo que se ve a mucha gente hablo del 99´99% de la gente. Repito que yo me incluyo en este porcentaje, porque soy bien consciente de mis enredos y adicciones emocionales y mentales (olvidé decir que las emociones y pensamientos también se cuentan como cosas).
Sin embargo existe un 0´1% de la gente que es libre, no que se cree libre al no hacer uso de las cosas (estos-yo entre ellos- estarían en el 99´99% que no es libre, a pesar de sentirse muy libres) sino que es libre de las cosas, siendo capaz de ser en las mismas cosas, es decir, de hacer, se sentir, de pensar, sin engancharse a sus acciones, pensamientos o estados emocionales.
Esta mujer del cuadro es una de esos seres privilegiados.
Devi, como dije, es otra de las personas tocadas por la varita mágica de la libertad no conceptual, sino real y viva, a pesar de mis denostados esfuerzos por atraparla en mis redes mentales y emocionales, como siempre he hecho con todas las mujeres de mi vida, entre las cuales ha habido más de una iluminada por el arte de vivir en el presente, aunque yo no pudiera, o no estuviera preparado para reconocerlo.
Por suerte para mi, o por desgracia, esta vez he dado con alguien que ha nacido para ser un espejo, y no quedarse enganchado a ninguna imagen que pueda reflejarse.
Este espejo es otra forma de llamar al ojo de dios, o la libertad de ser.
Muchas son las veces en las que cada día me quedo varado en alguna cosa: hasta hoy mi idea y uso de libertad era no hacer uso de las cosas para no quedarme atrapado en ellas. Aun sabiendo que semejante actitud era un fraude, no tenía o acuñaba el valor suficiente como para aceptar que era y soy esclavo de mi miedo a vivir y hacer uso de las cosas, sobre todo de las materiales. Miedo por quedar atrapado en ellas, sin saber luego como salir.
Pero resulta que vivimos en un mundo ilusorio, en el que las cosas solo están aquí para hacernos conocernos a nosotros mismos, a través de las relaciones que mantenemos con ellas, de amor, de libertad, de apego ,de odio, o de rechazo.
No hay forma de huir de las cosas, porque las cosas las hemos creado para reconocer e integrar dentro de nosotros mismos distintos estados y facetas de nuestro propio ser. No hay forma de huir de las cosas, ni de ser sin las cosas. Sólo se puede ser en las cosas, cuando uno es libre de las cosas, es decir, cuando uno puede pensar, sentir o hacer cualquier cosa sin quedarse atrapado en ello. La única forma de ser en las cosas sin perderse en ellas es entregarse a cada cosa, con plena consciencia. Y la única forma de entregarse a cada cosa con plena consciencia es estar presente.
Yo veo muchas más implicaciones, infinitas de ellas, en este milagroso don, pero como no soy libre no soy el mas indicado para hablar de ello.
Devi, o la mujer del cuadro, o cualquiera de esta raza escasa y privilegiada de vividores natos, lo haría infinitamente mejor que yo, pero como no es costumbre de esta raza el hablar o razonar las cosas, sino vivirlas, pues me parece que nos quedaremos sin desvelar el secreto.
No seré yo el que lo desvele, y aunque pudiera desvelarlo algún día, ya no lo diría, porque ya no tendría nada que decir respecto de esto, ni de cualquier otra cosa. Seria por fin libre de las cosas, siendo en las cosas.
Seria libre de la pseudo-escritura, de la verborrea egoíca , de la cháchara mental, y de la morrala del pensamiento. sería libre del mitote, como lo llaman los toltecas.
Libre de ser en las cosas, no a través de las cosas. No muchos percibirán esta diferencia.
No importa.
Lo que importa es que he descubierto un nuevo mantra que revela y desvela mi cobardía y mi secreto.
No soy libre, ni remotamente tan libre como creía serlo.
Y es más fácil, aunque lo niegue, aceptar la maestría de Devi, que luchar contra ella, con mil y un argumentos, cada uno mas absurdo que al anterior.
Porque a fin de cuentas, sólo hay un argumento, sólo uno, y este es la felicidad, la integridad, y la libertad con la que vivimos nuestra vida en cada momento.
No soy libre.
Lo diré otra vez, para ver si me entero: NO-SOY -LIBRE.
Pero se lo que ser libre significa, hacia donde sopla el viento: Ser en las cosas siendo libre de las cosas.
El día que lo consiga no tendré nada más que decir, nada más en absoluto.
No me puedo ni imaginar el alivio que sentiré cuando me haya curado de todas mis idolatrías, de todos mis vicios de ensalzar algo o a alguien por encima e algo o a alguien. Cuando ya no necesite hablar de nada, ni echarle la charla a nadie, ni siquiera a mí mismo.
El día en el que pueda contemplarlo todo con ecuanimidad, reconociendo el mismo sagrado e indefinible secreto en la trompa insaciable del mosquito que te pica y te pica y te pica, en el olor a mierda de perro cuando uno se tumba en el parque, y en las arrugas de los viejos que se pasan las mañanas y las tardes en el banco mirando sus recuerdos.
Me quedaré sentado, relajado y presente, como la pelirroja del cuadro.
Dormiré, comeré, y trabajaré en lo que me toque con la misma placidez que veo en Devi, aunque ya no esté con ella, o no pueda hacerme de espejo.
Seré yo mismo, seré en las cosas y libre de ellas.
Ahora solo puedo honrar, cuando la reconozco, a la Diosa, en Devi, en la mujer del cuadro, o en cualquiera que me la refleje.
La Diosa, traducido al idioma de la calle, es el presente.
O mas bien, la infinita belleza y sacralidad que hay dentro de cada momento.
Reconocerla ya es un paso.
El siguiente es entregarse a ella, morir ella, con confianza y sin miedo.


P.D: Por cierto, busqué la imagen de la escena en internet, y tras no pocos esfuerzos, perdóneseme mi incultura, la encontré.
El cuadro se llama la pelirroja, o el aseo, de Toulouse Lautrec, por si a alguien le interesa.
Y la pelirroja, conociendo a Toulouse, sería, muy probablemente, una mujer de la calle.
Lo cual confirma mi teoría de que hay más iluminados en los arrabales que en los templos (recuerdo que los templos de hoy son todos esos ambientes donde la gente se apunta natural o artificialmente a la filosofía de la nueva era) y que no hay otra iluminación más que vivir las cosas siendo libre de ellas. Y en esto, las prostitutas, sagradas o no, siempre fueron las primeras.
Jesús ya lo decía.
Los niños, los miserables y las prostitutas serían las primeras en entrar en el reino de los cielos.
Y que es el reino sino este preciso momento?.
No hay más reino, ni más paz, ni más felicidad que el presente.
Ser en las cosas, siendo libre de ellas.
Siendo, simplemente siendo.